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Sunday 26 March 2017
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Festejo cotidiano…

Festejo cotidiano…

Lic. M. Joel Vera Terrazas, vera_abogados@yahoo.com.mx*El día jueves se conmemoró el día internacional de la mujer. Este año se han generado infinidad de proyectos para atender a la mujer, e inclusive nuestra cultura mexicana no permite que se toque a su madre de alguien, pero si se puede desplegar toda violencia con las de más damas.

¿Qué pasaría sin el rol de las mujeres en este planeta? sería una desorganización, sería un problema grave. Sí, sí. Entonces que pasa ¿Por qué no la valoran? Para que agreden y/o asesinan.

Los feminicidios reflejan la descomposición de la sociedad, reflejan la enfermedad de nuestro estado, el cáncer que se tiene, el número de mujeres asesinadas y maltratadas es alarmante. Así son infinidad de historias del maltrato a la mujer.

Las denuncias que presentan ante las autoridades son el inicio de un camino burocrático tremendo; mas aparte la doble victimización que sufren por parte del personal de las dependencias que eso sucede por ser damas de compañía.

Esa doble victimización la tienen que soportar los familiares de mujeres desaparecidas y maltratadas, y quienes investigan los hechos muchas veces desaparecen la evidencia. Por ello, la impunidad frena el proceso de esclarecimiento. Este, tema genera un problema para el gobierno que recurre a vedarlo, ah ocultarlo. ¡Caray!

Michoacán es foco rojo en atentados contra las mujeres, que es responsabilidad de los patrones y empleados que designamos para que se esclarezcan los sucesos. Así, en la entidad es una discordancia en virtud de que el discurso oficial es uno y la realidad social es otra.

Es así, que el día internacional de la mujer rememora la lucha por la igualdad y el desarrollo integral con dignidad como ser en este planeta, por ello están al pie y a la orden de lucha por la justicia y la libertad.

Hoy, las mujeres ocupan cargos públicos después de que el 19 marzo de 1911 en países europeos exigieron su liberación de un yugo machista, putrefacto y misógino, por ello, en México, debe enseñárseles la importancia de ser seres humanos y transformadoras del cambio humanitario y que debe pasar del mero discurso al nivel de compromiso de valorar su condición, de manera cotidiana.

Tolerancia…

En un arrebato de optimismo, Confucio soñó con una época de tolerancia universal en la que los ancianos vivirían tranquilos sus últimos días; los niños crecerían sanos; los viudos, las viudas, los huérfanos, los desamparados, los débiles y los enfermos encontrarían amparo; los hombres tendrían trabajo, y las mujeres hogar; no harían falta cerraduras, pues no habría bandidos ni ladrones, y se dejarían abiertas las puertas exteriores.

Esto se llamaría la gran comunidad, en Zitácuaro que debe despertar ante los embates coloniales y, soberbios de los gobernantes. Cierto es, que el mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia.

Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar. Aparece como una noción escurridiza que, ya de entrada, presenta dos significados bien distintos: permitir el mal y respetar la diversidad. Su significado clásico ha sido «permitir el mal sin aprobarlo». ¡Caray!

¿Qué tipo de mal? El que supone no respetar las reglas de juego que hacen posible la sociedad. Si algunos no respetan esas reglas comunes, la convivencia se deteriora y todos salen perdiendo. Por ello, quien ejerce la autoridad -el gobernante, el padre de familia, el profesor, el policía, el árbitro- está obligado a defender el cumplimiento de la norma común.

Defender una ley, una norma o costumbre, implica casi siempre no tolerar su incumplimiento. Pero hay situaciones que hacen aconsejable permitir la posición de fuera de juego y «hacer la vista gorda». Esas situaciones constituyen la justificación y el ámbito de la tolerancia entendida como permisión del mal.

Hacerse de la vista gorda es un giro insuperable, porque expresa algo tan complejo como disimular sin disimular, darse y no darse por enterado. Esa es precisamente la primera acepción de tolerancia, prerrogativa del que tiene la sartén por el mango, que libremente modera el ejercido del poder.

Los clásicos llamaron clemencia a la tolerancia política. Séneca escribió el tratado De clementia para influir sobre un Nerón que empezaba a mostrar su cara intolerante. El filósofo estoico profundiza en la naturaleza del poder y presenta un verdadero programa de gobierno: el príncipe, corno alma que informa y vivifica el cuerpo del Estado, debe gobernar con una justicia y razón atemperada por la clemencia, que es moderación y condescendencia del poderoso.

En El mercader de Venecia, Shakespeare hace un elogio insuperable de la clemencia: bendice al que la concede y al que la recibe; es el semblante más hermoso del poder, porque tiene su trono en los corazones de los reyes; sienta al monarca mejor que la corona, y es un atributo del mismo Dios.

De forma parecida, Cervantes hace decir a don Quijote que se debe frenar el rigor de la ley, pues «no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo».

No es mejor la fama del ciudadano riguroso que exhibe y pide justicia, que la del ciudadano compasivo farsante que simula su acción; Y da este sabio consejo a Sancho, Gobernador de la ínsula Barataria: «Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia». ¿No creen?

Cuantos tenemos infiltrados en el sistema putrefacto que utilizan la toleración para simular la maldad mundana y manipular las conciencias ¿No cree?

Señal Bohemia…

Soñar con la libertad

Es volar, volar hasta los más

Lejano del horizonte.

Libertad del ser,

Libertad del amar y

Del crecer en el horizonte soñado.

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