Todo es Culpa del Crimen Organizado: Silvano

Por Ricardo Rojas Rodríguez*Zitácuaro.- La explicación oficial de Silvano Aureoles Conejo, gobernador del estado, sobre lo sucedido en Arantepacua, es que todo fue culpa del crimen organizado. Con ese argumento se trata de exculpar la represión en contra de la comunidad indígena que provocó 4 muertos, ninguno de ellos, policía ni criminal, todos purépechas.

Al echarle la culpa a los criminales, Silvano evadir la responsabilidad de su administración en la muerte de los indígenas. No fueron los policías estatales ni los antimotines los que asesinaron a los habitantes de Arantepacua, sino los “malos”. Uy, qué miedo.

“Fue el Beny (Benito Morales Jiménez) el culpable”. Su célula, explica el sesudo análisis de la “inteligencia” del gobierno estatal, respaldado por la federación, ha penetrado en las comunidades indígenas.

Entonces, argumenta Silvano, fue el Beny y su banda, el que le disparó a los policías y, pues, los elementos respondieron el fuego. Además, dejan entrever que algunos líderes indígenas pertenecen a este grupo criminal.

Ah, entonces, la policía no fue la represora, sino “víctima” de los criminales. ¿Usted cree eso? Entonces, estuvo justificado el uso de la fuerza pública contra los indígenas, porque son malos y pertenecen a grupos “malosos”.

Entonces, ¿por qué entre los casi 40 detenidos por la policía en Arantepacua no hay ningún integrante del crimen organizado? La mayoría de ellos tuvieron que ser liberados porque no había argumentos legales para su detención. Se trata sólo de indígenas indignados por la actuación del gobierno estatal en su contra.

¿Por qué si el crimen organizado disparó contra la policía (y esto justificó el uso de las armas para “responder”) ningún elemento resultó muerto? O los sicarios son muy malos para tirar y fallaron todos sus tiros o los oficiales son a prueba de balas.

Y, ¿por qué no hubo ningún criminal muerto y todos los fallecidos fueron indígenas, quienes estaban desarmados? ¿Acaso los policías no vieron a los delincuentes y sólo le tiraron a quienes estuvieran más cerca?

Lo cierto es que hay muchos vacíos en la explicación oficial. Y la verdad es que, como siempre, los muertos siempre los ponen los indígenas, los grupos más desprotegidos, los que pedían justicia por el problema de posesión de terrenos, que demandan hace décadas.

¿Cómo explica el gobierno esto? Además, esto no justifica la política represiva que, sistemáticamente, ha empleado el gobierno de Silvano Aureoles Conejo, para hacer frente a la problemática social que se le presenta.

Los manifestantes, lo que protestan, los que exigen (con o sin razón) no son criminales. No se vale enfrentarlos con policías, en lugar de escucharlos, de ofrecerles diálogo y, lo más importante, darles soluciones.

Ante la explicación “oficial” de lo ocurrido en Arantepacua, la comunidad dio respuesta por medio de un comunicado que circuló en las redes sociales. Mencionan que el decir que la causa de la represión es la presencia del crimen organizado en la comunidad “es una calumnia”.

Y, agregan: “son un intento de justificar los hechos del pasado miércoles; además de legitimar la decisión de encarcelar a los comuneros”. Además, enfatizan: “Aclaramos que no existe o existirá algún tipo de delincuencia organizada, debido a los principios por los que nos regimos en usos y costumbres”.

El Camino a Aputzio

Una obra muy demandada por los zitacuarenses que habitan en el suroriente del municipio, además de vecinos del Estado de México y Susupuato, en Michoacán, era la rehabilitación de la carretera a Aputzio.

Gobiernos anteriores ignoraron esta petición. En especial, la anterior administración municipal, encabezada por Juan Carlos Campos Ponce, quien minimizaba y humillaba a la entonces jefa de tenencia de Aputzio, Rocío Olivares Hernández, quien no se dejaba mangonear por el ahora exalcalde.

Desde casi el inicio de esta administración la petición de Aputzio fue escuchada. De hecho, en campaña fue en esta tenencia en donde el alcalde Carlos Herrera Tello encontró respaldo a su candidatura.

Hace unas semanas se dio inicio a la rehabilitación de la carretera, que estaba prácticamente destruida. Se levantó la cinta asfáltica, con lo que quedó al descubierto la terracería en la que se construyó la vía, hace ya algunos ayeres.

Todo iba bien, hasta que los trabajos se detuvieron y así dejó. La circulación no se ha detenido porque miles de personas viven en esa zona de la ciudad, además de los que circulan por ella, como una vía para salir de sus comunidades.

No hay otra salida para decenas de localidades de Michoacán y el Estado de México. Esto ha convertido la carretera en un problema de salud, por la polvareda que a todas horas se levanta.

Claro que había una buena intención en el hecho de iniciar la obra. Pero se exhibe, una vez más, una falta de planeación para ejecutar los trabajos. Esa es una debilidad que se ha puesto de manifiesto en varias de las acciones que se realizan en el municipio.

Los habitantes de Aputzio lo sienten en carne propia, pero no son los únicos. En la cabecera, la que parece interminable obra de la avenida ha afectado a todos. No es que no se agradezcan las obras y que no se justifiquen los trabajos.

El problema es que se ha fallado al programar y ejecutar. Y esto conlleva un malestar que va más allá del que se padece en toda obra que se ejecuta en una zona poblada. Es un desgaste innecesario, producto de la mala planeación.

Algo parecido tiene entrampado el inicio de la obra del telebachillerato en San Miguel. Se dispuso de presupuesto para una institución educativa, lo que es bueno, pero no se toma en cuenta a la población que, en teoría, este plantel va a beneficiar.

Se le da a San Miguel una obra que la mayoría de sus habitantes no pidió, que no quiere y que no necesita. Ya se ha comentado en este espacio algo que es verdad: la gran mayoría de los estudiantes de esta institución no pertenecen a la comunidad.

Muchos van de la cabecera municipal, y han visto este plantel como una alternativa, al no encontrar más espacio. La juventud de San Miguel estudia en escuelas de Zitácuaro, porque busca más preparación y calidad educativa, no en el telebachillerato.

Y, para colmo, se planea la construcción en un terreno que es propiedad de la comunidad, que no está ocioso, sino que tiene un fin específico: ser sede de la fiesta del pueblo. Hasta el momento, los vecinos han evitado el inicio de la construcción y no se ve, todavía, cuando pueda haber un acuerdo… Si es que lo hay.

Abuso de Autoridad

La intención de hacer de la policía de Zitácuaro se ha topado, en varias ocasiones, con la conducta de los mismos elementos de la corporación, quienes tienen sus propios objetivos y planes, que van en otra dirección.

No es el único, pero sí es el que ha llegado hasta la denuncia, toda vez que el afectado no se ha quedado conforme con el trato que se le dio y busca justicia para sí mismo y su familia.

El caso que incluimos en la edición de hoy muestra la detención de un ciudadano sólo por el capricho de un elemento de la corporación. Es curioso que la molestia del oficial se da cuando le pide mota o kristal (drogas) a un ciudadano y éste no tiene. Quizá fue con la persona equivocada.

Pero esto es suficiente para que abuse de su autoridad, lo amedrente frente a su familia y luego lo detenga. Además del intento de robo de una motocicleta que ni siquiera era del arrestado.

El director de Seguridad Pública, César Iván Marín, tiene que cumplir su palabra de actuar en contra de los malos elementos, quienes sean denunciados por los ciudadanos. Aquí se demuestra que no es cierto lo que el directivo policíaco dice: que todas las quejas en contra de sus oficiales son mentiras…

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