Dejó Procuraduría a Alcalde de Jungapeo Cumplir sus Amenazas

Jungapeo.- La muerte de Adelaida O., y su padre Wenceslao O. ya estaba anunciada. Ambos habían sido amenazados por el alcalde de Jungapeo, Javier Hernández Rivera, y su jefe de policía, ahora prófugo. Así lo denunciaron ante la Fiscalía Regional y demás autoridades. Pero nadie les hizo caso, nadie hizo nada. Cuando actuaron ya era tarde.

Inclusive, la semana pasada, ante la Visitaduría Regional de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Adelaida dijo que, si algo le pasaba a ella, responsabilizaba de todo al presidente municipal de Jungapeo y al director de la Policía.

Aún más, el domingo pasado, la mujer se comunicó, vía telefónica, con el visitador auxiliar de la CEDH, Octavio Peñaloza Chávez, y le dijo que elementos de la policía municipal la seguían, la hostigaban y la amenazaban. Temía que la fueran a matar.

Peñaloza Chávez, como medida de protección, se comunicó con el jefe policíaco de Jungapeo para pedirle que dejaran de agredir a Adelaida y su familia. El directivo negó la presión y dijo que se encontraban indispuesto, enfermo.

No se volvió a saber más de Adelaida y su padre. Lo siguiente fue que ambos habían sido secuestrados. La hija de la mujer acudió a la Fiscalía a denunciar el plagio de su madre y su abuelo.

Entonces sí, se montó un operativo que violó los derechos humanos de habitantes de las comunidades de La Mora y La Florida, en donde se sospechaban que se encontraban los secuestrados.

Sin embargo, era demasiado tarde: ambos habían sido asesinados y sus cuerpos fueron encontrados en una fosa clandestina, que fue localizada gracias a la intervención de perros especializados en seguir rastros. La amenaza había sido cumplida.

¿Por qué Adelaida era amenazada y hostigada por la policía y el alcalde? Según lo contó ella misma, cuando acudía a las autoridades por protección, al sentirse agredida, ella era una ferviente militante del PRD.

En ese sentido, participó activamente en la campaña del ahora alcalde de Jungapeo. Hacía muchos años que el PRD había sido, prácticamente, borrado de este municipio y la intención era triunfar.

Se logró ganar la elección y, Adelaida esperaba una recompensa por su trabajo, como muchos otros que participan en campañas para obtener posiciones o canonjías. Pero después del triunfo, Javier Hernández le cerró las puertas a su simpatizante.

Esto molestó a Adelaida, quien en varias ocasiones reclamó al alcalde su falta de palabra y el no cumplimiento de las promesas. Ahí nació el odio que, después, se tradujo en amenazas para la mujer y su familia. De aliados, se habían convertido en rivales.

Lo demás se ha convertido en historia: un operativo policíaco detuvo al alcalde, al subdirector de la policía y a diversos elementos que habrían participado en el secuestro y asesinato de Adelaida y Wenceslao.

El presidente municipal se encuentra encarcelado en el Centro de Readaptación Social Hermanos Rayón, de Zitácuaro, en espera de que se defina el grado de su participación en este crimen.

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