El Alcalde y sus Grandes Logros

Por Ricardo Rojas Rodríguez*Zitácuaro.- El alcalde Carlos Herrera Tello le ha apostado prácticamente todo su capital político a las mega obras que realiza en todo el municipio, a base de una millonaria inversión. Su tirada es que éstas estén concluidas en las próximos días, semanas o meses, para poder presumir grandes logros.

Como lo menciona en cada uno de los discursos que realiza en los actos públicos que encabeza, estas obras “marcarán una diferencia”. Señala que se notará “el progreso” cuando estén terminadas.

Es decir, quiere que lo vean como el que sentó las bases de un nuevo Zitácuaro, con infraestructura moderna. Sin embargo, es una apuesta muy arriesgada; sobre todo si tomamos en cuenta el problema de los retrasos de los trabajos y de los costos que han tenido.

Por ejemplo, hace unos dos meses, el alcalde comenzó a decir que la obra de Revolución, la más grande y costosa de todas, estaría terminada “al 100 por ciento” el 31 de julio. Estamos a dos días y se ve difícil que esa fecha se vaya a cumplir.

Los trabajos, como van, no estarán ese día “al 100 por ciento”. Necesitará modificar su discurso para justificar esta falta de cumplimiento total de su promesa y que no le vaya a “pegar” políticamente.

Si los trabajos se tardan una semana más y quedan bien, no tendrá problema. Pero si las obras se tardan más, su imagen sufrirá un impacto negativo. Se podrá mencionar que el problema son las lluvias o que hubo otros factores, pero todos ellos se debieron de tomar en cuenta al momento de contratar a las empresas.

Una forma de mejorar su imagen es sancionar a las empresas que no han cumplido con la fecha de terminación que, se supone, debió de estar inscrita en el contrato. Pero como se ha manejado la relación de la Presidencia con las empresas constructoras, a las que se les solapa todo, será difícil.

A Herrera le urge terminar Revolución, porque el 15 de agosto será su segundo informe de gobierno y seguro esta obra será enlistada como uno de los logros más importantes de este período.

El alcalde también le apuesta a terminar la ampliación de la carretera a México, que también ha provocado molestias a los automovilistas, a la rehabilitación de calles principales, a la obra de la presa de El Bosque, a los colectores y a las ciclopistas.

Todo ello, según presume el alcalde, marcará la diferencia en Zitácuaro, el progreso del municipio, bajo su mandato. Ello debería de darle el suficiente capital político para lanzarse por un puesto de elección popular, el próximo año. Se cree que buscará la diputación federal.

Pero, como señalamos, si bien las obras lo pueden catapultar políticamente, también lo pueden enterrar. Está claro que la obra de Revolución, aunque quede bien, aunque en realidad mejore la imagen de Zitácuaro, también será utilizada como arma por los candidatos de otros partidos para descalificar a esta administración.

Y es que sólo tienen que recordar el tiempo que se tardó la obra, el dinero que se le invirtió, los problemas económicos que causó a los comerciantes de esta vía y el impacto que tuvo en todo el municipio, en cuanto a movilidad.

Así que el ambicioso programa de obras que emprende el alcalde, con el apoyo del gobernador Silvano Aureoles (quien también quiere sacar raja política de él), es un arma de doble filo.

El problema es que el alcalde parece no darse cuenta. Necesitaría tener un plan B. Necesita ser un político cercano a la gente, accesible y sensible, como mostró en la ya lejana candidatura a la presidencia municipal.

Sin embargo, esa característica de Carlos Herrera prácticamente ha desaparecido. Cada vez se parece más a un alcalde del montón, al que sólo le importan sus proyectos, sus objetivos. Se ha alejado de la sociedad y, por el contrario, suele ver enemigos en cada ciudadano que expresa puntos de vista diferentes. Mal…

Inseguridad

Además de las obras, un problema que enfrenta la actual administración es el de la seguridad. La promesa de hacer de la policía municipal una corporación profesional, efectiva, cercana a la gente y respetuosa de los derechos humanos, en la realidad se ha hecho todo lo contrario.

Los ciudadanos no sólo le temen a la inseguridad, a la facilidad con la que los ladrones operan en todo el municipio, sino que también ven a los policías como enemigos potenciales y delincuentes en busca de botín.

Actualmente, la policía no podría estar más descompuesta. Parece que la inversión y los planes no han servido de nada. La muestra de que la corporación está mal desde la cabeza fue el regreso de César Iván Marín Jaimes como director de Seguridad Pública.

Iván había estado al frente de la corporación, pero salió como resultado de las muertes de dos personas en los separos a donde habían sido llevados por policías, no por delincuentes, sino por haber cometido faltas administrativas: se trataba de borrachitos y drogadictos, pero no de criminales.

En las dos muertes existe la duda fundada de que se tratara de suicidios o de accidentales. Se cree que fueron asesinados por los golpes y malos tratos que recibieron de manos de los policías que los detuvieron, ante la tolerancia César Iván.

Sin embargo, sin razón, de forma repentina, se recontrató a Marín Jaimes. Regresó, no igual que antes, sino peor. Ahora, al director de Seguridad Pública no le importan las quejas de los ciudadanos y el trato de los elementos a su cargo es cada vez más prepotente.

El problema es que la conducta de los elementos en el municipio es un reflejo de lo que pasa en todo el estado: un Mando Único que no sirvió, que ha sido tolerante con el incremento de la delincuencia y, eso sí, muy efectivo a la hora de reprimir ciudadanos inconformes…

Campos

Como mencionábamos en la anterior columna, la aparición de Juan Carlos Campos Ponce en Zitácuaro para “desmentir” las acusaciones en su contra, le salió contraproducente. Los ciudadanos, en general, no se tragan el cuento de que todos están en su contra y que él es inocente de todo lo que se le acusa.

Y es que el cúmulo de evidencias que se reunió en su contra es tanto que hay mucha “tela” de donde cortar. Por ejemplo, los documentos que, a propósito, dio a conocer Joel Vera Terrazas, respecto a la declaración patrimonial de Campos, en 2008.

En ese tiempo, como diputado, sólo declaró tener una propiedad: la casa en donde vivía. Tenía dos vehículos, joyas y muebles, pero en cantidad modestas, más apegada a la realidad de lo que un legislador podía tener, de acuerdo a sus ingresos. No era rico, pero vivía de forma desahogada.

No obstante, a su paso por la Presidencia Municipal este patrimonio creció de manera rápida. La compra de bienes fue una característica principal. El comprar al menos media docena de propiedades no corresponde a lo que ganaba como alcalde, que eran 100 mil pesos al mes.

Este dinero le dio algo así como 4 millones y medio de pesos, en los 3 años 8 meses que estuvo al frente de la Presidencia. Si se suman los aguinaldos y las primas vacacionales, pudo haber alcanzado los 5 millones de pesos. No más.

Con esta cantidad debía de sostener a su familia, en ese tiempo. Además, de pagar los constantes viajes que hacía a Las Vegas, a Florida y a Texas. Esto, porque afirmaba que todo ello lo pagaba de su propio dinero y no del erario.

¿De dónde salió para comprar las propiedades de las que presume? ¿De qué vive ahora, que no trabaja en nada desde los hace casi 2 años que dejó el cargo? ¿Cómo tiene dinero para invertir en negocios? Ahí hay una duda razonable…

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