Reelección de Herrera: Hambre de Dinero y Poder

Por Ricardo Rojas Rodríguez

Zitácuaro, Michoacán.- ¿No que estaba dispuesto a sacrificarse por los zitacuarenses para ir al congreso y “bajar” toneladas de dinero? El juego cambio, Carlos Herrera Tello buscará la reelección a la alcaldía. Quiere las riendas de Zitácuaro por 3 años más y lo que ello significa: dinero y poder.

Queremos creer que tiene el visto bueno del gobernador Silvano Aureoles Conejo y jefe político de su grupo, que es el que pone y dispone. Porque de otra forma no habría comenzado a mover sus fichas para conseguir la “aclamación popular” que cree merecer.

Será un hecho inédito en la historia moderna de Zitácuaro, porque la reelección es algo nuevo, que no se daba desde la época revolucionaria, que eliminó este mecanismo para evitar que los dictadores se perpetuaran en el poder. ¿Lo logrará?

¿De verdad Carlos Herrera hizo tan buen trabajo que merezca un segundo período consecutivo? Él y sus paleros creen que sí. Pero, ¿qué dirá el electorado? Eso es adelantarnos mucho, todavía hay cosas por resolver.

La pregunta es: ¿por qué querrá Carlos Herrera reelegirse? Es decir, no por eso de que no ha concluido su proyecto, que hay trabajo que hacer por Zitácuaro, porque todo eso es demagogia.

Cierto que ha dejado obras inconclusas, como su magna obra de Revolución, que a un mes de inaugurada ya comienza a mostrar defectos de fabricación, como las fracturas en las banquetas y la descompostura de algunos de los semáforos peatonales, por mencionar sólo algunos.

Al señalamiento de las banquetas, el director de Obras, por ciento, ha respondido que la empresa tendrá que reponerlas, que es natural. Podrá decir lo que quiera, pero la verdad es que todos estos defectos tienen que ver con la calidad de la construcción.

Quizá la razón es que para Herrera será más cómodo estar en la Presidencia, en donde puede ser amo y señor, que ser uno del montón, en el Congreso. Allá, por cierto, es previsible que su fracción sea minoritaria; esto, por la forma en la que su partido, el PRD, se desmorona a nivel nacional.

Acá, en la Presidencia, podrá manejar el presupuesto a su antojo, como lo ha hecho en los más de dos años, con decenas de millones a obras de relumbrón y nada a prioridades como el nuevo basurero y el panteón.

Las empresas constructoras hicieron fiesta con los millonarios presupuestos, dinero del que algo habrá quedado en el camino. Aún no ha quedado muy claro el destino de los presupuestos abultadísimos de los que presumió. Y con él en el Ayuntamiento, de nuevo, poco se podrá investigar.

Así que, si se queda, él mismo podrá “tapar” lo que pasó en su primer período. Y esta es una buena razón, porque todavía no se aclara por qué se aprobó una obra de repavimentación en concreto, para el tramo final de Revolución norte y se hace con asfalto. Y todavía no se ve para cuando se termine. En fin.

Hace 3 años, Herrera era el candidato más fuerte, porque el PRI lanzó a Juan Carlos Orihuela, quien no mostró mucha fuerza, además de que una parte de la militancia de este partido votó por el PRD.

Además, el alcalde priista de ese tiempo, Juan Carlos Campos Ponce, era repudiado por gran parte de la ciudadanía; en especial, en la zona urbana. Se le acusaba de despotismo y de desviar gran parte del presupuesto.

El tiempo comprobó que muchas de esas acusaciones eran ciertas, como lo demostró el Congreso del Estado, que emprendió en su contra un juicio político que lo encontró culpable. Y aún faltan por resolverse decenas de acusaciones en diferentes instancias de justicia.

La gente estaba harta y quería un cambio. Carlos Herrera lo representaba. Llegaba cubierto con un halo de empresario triunfador, con suficiente solvencia económica, que no necesitaba lucrar con el cargo.

Él mismo se mostraba humilde, dialogador, accesible, sensible y con proyecto. Era el paladín que combatiría al “corrupto” Carlos Campos. Llegaba con un saco lleno de promesas de todo tipo, para responder a todos los problemas que padecíamos (padecemos) los zitacuarenses.

Al lograr dividir al PRI, partido que consideraba a Zitácuaro como de su propiedad, ganó la mitad de la batalla. Suficiente dinero para financiar la campaña y la estructura de Silvano Aureoles, hicieron el resto.

Inclusive, había tal rechazo a Campos y a su partido, que los electores hicieron caso omiso de la “guerra sucia” en contra de Herrera, que señalaba las obras que sus empresas habrían dejado inconclusas en la Ciudad de México y observaciones por otras más, en Tuxpan.

Era tal el impulso que tenía el ahora alcalde que se daba por descontado, como sucedió al final, que triunfara. Pero, éste no fue tan contundente como se preveía. Ganó, sí, pero con un porcentaje de votos muy bajo y su ventaja contra el PRI fue mínima, apenas suficiente para evitar dudas.

Cada voto costó mucho dinero y esfuerzo. Ahora, las cosas pueden ser diferentes para Herrera. Cierto que ha “regado” mucho dinero y preparado una estructura política en comunidades y jefaturas de tenencia.

De hecho, los jefes de tenencia, encargados del orden y líderes de comunidades fueron los primeros en enterarse de su intención de reelegirse. Será en el medio rural en donde se base la fortaleza de Herrera.

Mucha gente que lo apoyó en el pasado no estará tan dispuesta a hacerlo. Y, aunque haya coalición con el PAN, esto no quiere decir que, en automático, los militantes de ese partido votarán por él.

Los priistas que simpatizaban con el candidato Herrera ya se fueron con él en el PRD. El PRI, si bien no hay unidad ni fortaleza, un buen candidato podría cimbrar la campaña del alcalde. Lo mismo sucederá si Morena lanza un abanderado que sepa beneficiarse del efecto López Obrador.

Carlos Herrera tampoco es el mismo. Ya no es dialogador, conciliador ni tolerante. Ahora se acostumbró a usar el poder para imponer y se irrita fácilmente cuando alguien no piensa como él. Como muchos otros alcaldes, antes que él, ha creado una realidad paralela, fantasiosa, que no es como los ciudadanos la vemos.

Ese será el contexto en el que se verá inmerso Carlos Herrera. Ahora falta definir algunos detalles de cómo será esta elección, porque será la primera vez que un alcalde busque la reelección, con la ventaja que significa tener todo el aparato de gobierno municipal directamente bajo su control.

Por ejemplo, el lunes deberá de comparecer ante el cabildo y decidir si regresa al cargo o pide una nueva licencia para desarrollar su precampaña, ahora quizá como candidato, nuevamente, a presidente municipal.

Como vemos las cosas, en este supuesto creemos que retornará al cargo, porque ahí tendrá la gran oportunidad de hacer “precampaña” desde adentro, con todos los recursos. Más que realizar visitas a colonias y comunidades, con los gastos de personal y equipo pagaos por él, podrá realizar “giras de inauguración”, a cargo del erario. Inmejorable.

Es decir, podría “desviar” recursos públicos a su favor, pero sin violar la ley, porque podría hacerlo como el alcalde que es y simular que todo forma parte de su programa de gobierno.

Sólo tendrá que separarse del cargo 3 meses antes de la elección, como lo marca la ley; es decir, el primero de abril. Y, después de la elección, regresar, ya sea para terminar lo que le falta, si no ganó, o para preparar su nuevo período.

Pero, ¿será esto lo que los zitacuarenses queramos? La bondad del anterior sistema, el del “sufragio efectivo, no reelección”, era que cada 3 años podíamos cambiar de gobernante, de estilo y volver a empezar… Habrá mucho sobre este tema que podremos platicar los próximos meses…

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