La Intolerancia de Herrera y las Cuentas Falsas de la Feria

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro, Michoacán.- El alcalde y precandidato a la presidencia municipal de Zitácuaro, Carlos Herrera Tello, mostró lo intolerante que se pueden llegar a ser nuestros políticos cuando tienen un cargo y no soportan señalamientos, independientemente de lo fundamentados que estén.

Lo nuevo de Herrera, que lo puso en los medios nacionales y llamó la atención de una organización internacional, Artículo 19, fue la demanda que interpuso contra el portal informativo Contramuro.com, por haber replicado una información en la que señalan presuntas irregularidades de sus empresas.

Es curioso que demandó no al periodista que escribió la información, a quien conoce, ni al medio que la publicó en primera instancia, si no al portal que la repitió, con autorización del primero. ¿Por qué?

Se cree que fue así porque Contramuro tiene más público que Monitor Expreso, que fue el que originó la información. Es decir, al alcalde no le molestó necesariamente que se escribiera sobre sus empresas, sino que se diera a conocer a un mayor público.

Pero, ¿tiene razón el alcalde de demandar que atentaron contra su honor? Creemos que sí, si la información es falsa o fue tergiversada a propósito para causarle un daño a su reputación de empresario y de político.

Sin embargo, también creemos que este no es el caso. Se trata de un medio que hace uso de la libertad de expresión que, se supone, está garantizada en este país por la Constitución (Sí, ese librito que nos da razón de ser como país y que el propio Herrera celebró el pasado 5 de febrero).

El medio trató un tema de interés general, que es el desempeño como empresario que trabaja con recursos públicos, para realizar obras de beneficio social. Claro que es un asunto que nos interesa a todos; en especial a los zitacuarenses.

Además, no es un caso nuevo. Desde hace 3 años, cuando Silvano Aureoles, actual gobernador, y Carlos Herrera, estaban en campaña, ya se hablaba de ello. En ese momento no negó haber realizado las obras, pero desmintió haber cometido irregularidades con los recursos y con las obras.

Las acusaciones no cesaron, pero los candidatos, interesados en ganar el voto de la gente, no demandaron a quienes las publicaron. Simplemente lo ignoraron todo. Ahora, ¿qué tiene de especial esta información?

Que, con documentos emitidos por la Secretaría de la Función Pública, el órgano federal que investiga el correcto uso del dinero público, ha hecho señalamientos a las empresas del alcalde.

Y ha hecho observaciones y ha puesto en duda la aplicación de decenas de millones de pesos. Esto es algo que Carlos Herrera no ha podido desmentir. Por lo tanto, son ciertos estos señalamientos y se encuentran en investigación.

¿Cuál es el problema, entonces? Que ni Carlos Herrera ni Silvano Aureoles son los de hace 3 años. Ya se les ha subido el poder a la cabeza y son intolerantes con quienes no concuerdan con su forma de pensar.

Herrera tiene el poder, quiere conservarlo y lo usa para “castigar”, aún si eso atenta contra una de las libertades fundamentales del país, que es la de expresión. Es un derecho que no está dispuesto a respetar si le afecta en sus intereses.

La piel del alcalde se ha vuelto delgada. Cada vez más trata de imponer su visión sobre el municipio “maravilloso” que ha “construido”. Y, quien no está con él está en su contra, y lo trata como enemigo.

¿Qué se podía esperar de un gobierno en donde no existe la autocrítica sino sólo la adulación? Los medios de comunicación tenemos derecho a señalar a nuestros servidores públicos y cuestionarlos. Mal por Carlos Herrera. Pero en su pecado llevará la penitencia, porque la demanda podría salirle contraproducente. Allá él…

Feria, ¿Cuentas Falsas?

Una feria en donde lo único especial fue la contratación de artistas -a un costo que esperemos que nos digan-, terminó el pasado domingo. Como siempre, el alcalde habló de las “maravillas” que logró con esta fiesta que muchos vimos como regular, una más del montón.

Y, sin embargo, ni el patronato, encabezado por Natalia Aguilar, ni el Ayuntamiento, se midieron al momento de decir el número de asistentes: ¡300 mil! No supieron de lo que hablaron. Se trata de una cifra más allá de toda dimensión.

Creemos que se les fue un cero de más. Y es que, si bien los artistas populares y gruperos fueron un gancho que atrajo la atención de la gente, ni la capacidad del Centro de Espectáculos ni las instalaciones de la feria dan para albergar a tanta gente.

Les explicamos. 300 mil asistentes es un promedio de casi 20 mil personas al día. Para que llegaran a la feria se necesitarían mil 818 combis. Y si cada una llegara y se fuera en un promedio de 30 segundos (lo que es imposible), se necesitarían 15 horas. ¿Cuántas horas estaba abierta la feria al día.

Si llegaran en auto se necesitarían 4 mil autos (esto, si tomamos que todos llegaran a su máxima capacidad, que es de 5 personas por vehículo, en promedio). No hay espacio de estacionamiento para tantos vehículos. Tan sólo hay capacidad para poco más de 500. ¿Dónde meterían los otros 3 mil 500?

Igual, si combinamos autos y combis, los números no cuadran. Y menos si creemos que, como afirmó un boletín de Comunicación Social, el 5 de febrero asistieron 30 mil personas a la feria. ¿Cómo llegaron y se fueron tantos?

Para que llegaran tantos vehículos, las filas en la carretera de acceso serían interminables e infinitas. No fue el caso. Inclusive, el 5 de febrero no hubo problemas para circular por afuera de la feria. Esto indicó que no hubo tantos asistentes como se afirmó.

Es mala la manía de las autoridades exagerar y mentir para aparentar que algo fue un éxito, cuando la verdad no fue el caso. El problema es que nadie les cree, pero ellos piensan que sí. ¿Qué empresario se comería el cuento de que asisten 300 mil personas a esta feria?

Para mayor abundamiento, el compañero del periódico Nuevo Milenio acudió a la feria el último día y entrevistó a los expositores, quienes se quejaron de que la mayor parte del tiempo no hubo gente. Sólo cuando había presentaciones de grupos, como Calibre 50.

En general, apuntaron, tuvieron ventas bajas. Lo atribuyen a que, aunque no se cobró la entrada, el estacionamiento costaba 30 pesos, lo que a algunos se les hacía caro. En especial cuando el seguro no cubría daños parciales, sólo en caso de pérdida total.

De hecho, el periodista mostró su boleto de estacionamiento. Era el 16 mil 970. Esto revela que durante los 15 días de feria no llegaron ni 20 mil autos. No cuadran los números con los “300 mil asistentes”… Una mentira más.

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