Ixtláhuac: Las Consecuencias de “Escupir Para Arriba”

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro. – Al acusar a Silvano Aureoles de utilizar la fuerza de su gobierno para ayudar a su hermano, Antonio García Conejo, candidato al senador, Antonio Ixtláhuac Orihuela sufre ahora las consecuencias y enfrentará una querella penal que el mandatario “revivió”, como una lección para que aprenda quien manda en el estado.

Y es que, como parte de su estrategia para figurar en la pelea por el senado, Ixtláhuac, abanderado del PRI arremetió en contra de su adversario del PRD del propio gobernador. Al hacerlo, provocó lo que en política se llama “escupir para arriba” y, como consecuencia, resultó “embarrado”.

No es que Ixtláhuac esté equivocado. Es claro que Silvano no lanzó a su hermano como candidato al senador para perder. Era obvio que, como lo estila, iba a utilizar todos los medios a su alcance para que Toño no pierda y ocupe una curul en el próximo senado.

Por ello, desde enero se intentó neutralizar a Ixtláhuac, con la penalidad aplicada por la Auditoría Superior de Michoacán (ASM), que implicó una inhabilitación por 3 años para ocupar puestos públicos.

Y, si eso no dio resultado, y ante las crecientes críticas del exalcalde zitacuarense, el plan B es esta denuncia penal. Al igual que lo hizo, a nivel nacional, Enrique Peña Nieto, para debilitar al candidato de la coalición PRD-PAN-MC, Ricardo Anaya, Silvano ha utilizado su poder para castigar.

No hay que confundir. No es que el gobierno estatal y la ASM le “perdonen” a Ixtláhuac las irregularidades cometidas en su paso por la administración municipal. Jamás. Que se castiguen los posibles actos de corrupción es por lo que los ciudadanos hemos pugnado por años.

Pero el problema es que sólo se utiliza la ley, y se “reviven” irregularidades que comúnmente se pasan por alto entre políticos, con el afán de socavar las posibilidades de triunfo de un candidato. Es decir, hay un uso faccioso de la ley. Y eso es lo que no está bien.

En el caso de Ixtláhuac, desde que fue alcalde señalamos, en este medio, las irregularidades cometidas en la realización de obras, con precios altos y mala calidad. Pero nunca se hizo caso. Es claro que se trata de “pecados” políticos que se tienen guardados para cuando se necesita poner un “estate-quieto” a alguien que se sale del huacal.

Sin embargo, en este caso creemos que Silvano, en su afán de proteger a su hermano y no dejar que lo toquen ni con el pétalo de un cuestionamiento, podría provocar el efecto contrario.

Esto, porque los mismos priistas consideran que Ixtláhuac y su compañera candidata al senador tienen pocas posibilidades de triunfo ante el descrédito que su partido tiene a nivel nacional.

Asimismo, porque enfrentarán, precisamente al hermano del gobernador, que ira “con todo” y al morenista Cristóbal Arias, quien tiene tablas y, ahora, el impulso que Andrés Manuel López Obrador, a nivel nacional.

De esta forma, lo que lograría Silvano con sus acusaciones contra Ixtláhuac es victimizarlo y darle juego en los medios de comunicación, para que las personas que no lo conocían lo hagan. Creemos que Ixtláhuac ha detectado esta oportunidad y trata de aprovecharla al máximo.

Como ciudadanos, creemos que el exalcalde zitacuarense tiene un pasado que lo ha alcanzado. Sin embargo, con el uso político de las presuntas irregularidades se pierde una oportunidad de castigarlo.

Las autoridades bien pudieran esperar a que pase el proceso electoral e Ixtláhuac ya no sea diputado, ni tenga fuero. Y, entonces sí, aplicarle la ley y sancionarlo sin que se argumente un fondo político. Si han pasado 9 años de cometidas las presuntas irregularidades, ¿cuál es la prisa ahora, que no pueda esperar 3 meses?

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