Elecciones, ¿Para qué?

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro.- Estamos a unas horas del proceso electoral que se ha descrito como histórico, porque abre la posibilidad de hacer un cambio radical en el sistema mexicano. Como ciudadanos, nos enfrentamos a la disyuntiva de elegir o no a los políticos que nos han defraudado y engañado, y que ahora se presentan como inocentes palomitas.

Como ciudadanos podremos rechazar la reelección, que durante más de 100 años sirvió como herramienta para que los tiranos que nos gobernaban no fueran eternos, sino que pudiéramos librarnos de ellos luego de 3 o 6 años.

Ahora, los propios políticos han vuelto a traer la posibilidad de reelección que sólo conviene a ellos, porque podrán enquistarse en los cargos públicos. Sin embargo, nosotros mismos tenemos, este primero de julio, la posibilidad de decirles que no y buscar otras alternativas.

Será un proceso histórico por muchos factores, buenos y malos. Por un lado, la clase política tradicional se dividió, tras el divorcio del PRIAN, que tenía el control del sistema de gobierno que, aunque cambiara de colores, siempre era el mismo.

El PAN se involucró en una relación de amasiato con el PRD, partido que se desfundó luego del surgimiento de Morena y que ahora aportará pocos o casi nada de votos al candidato presidencial, Ricardo Anaya.

Por su parte, el PRI, sin ver ni oír a la ciudadanía, que reclamaba las cínicas corruptelas de todos sus militantes en cargos de gobierno, intentó solo lavarse la cara al postular a un candidato “ciudadano”, “no priista”.

No obstante, José Antonio Meade, encasquetado en su perfil de burócrata (con conocimientos técnicos, sí, pero burócrata al fin) no logró convencer ni entusiasmar a los electores ciudadanos.

Para colmo, desesperado por su inminente derrota, en la parte final de su campaña se rodeó de la peor calaña del PRI, como el líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, ícono de la corrupción.

La división de la clase gobernante le abrió la posibilidad a Andrés Manuel López Obrador, tachado de populista, como si ello implicara el peor pecado que un político puede cometer, en estos tiempos “mothernos”.

Así, de acuerdo a las encuestas, que le brindan una inminente posibilidad de triunfo, sólo un gran fraude o un golpe de estado impediría que López Obrador se alce con la victoria, la noche del primero de julio.

Será un gran cambio, sí. Un giro de 180 grados. Los empresarios multimillonarios (que no pasan de una docena) están molestos y preocupados, porque sus negocios al amparo del poder (que son los que más ganancias les dejan) peligran.

Los políticos también lo están, porque cambiará la correlación de fuerzas y quedarán desamparados de la ubre del presupuesto, que es de donde han sacado sus grandes riquezas.

Claro, López Obrador no es un ser divino que sacará a México de su estancamiento, como por arte de magia. Muchas de sus propuestas y políticas son criticables y pueden provocar el retroceso del país; en especial si hay resistencias y boicot de la clase política, que no perderá su poder de la noche a la mañana.

La cargada ha provocado que Morena no sea aquel partido de seres honestos, casi santos. Muchos políticos astutos y convenencieros se han sumado a Andrés Manuel López Obrador. Y, hábiles como son, han obtenido candidaturas y puestos.

El movimiento se encuentra contaminado, de inicio y, si no se les neutraliza, podrían provocar que el cambio se desvíe y se conforme una nueva clase política corrupta. Cambiarían las siglas de los partidos, los nombres, pero no las mañas.

Hay mucha expectativa, en un sector importante de la población, por lo que López Obrador pueda hacer. Si gana tendrá que demostrar que merecía el apoyo de los mexicanos para sacarnos de este hoyo en el que la clase política nos ha metido y que ha provocado más pobreza y retroceso.

La decisión no es fácil: seguir como estamos, dirigidos por los mismos políticos que ya sabemos que nos van a robar, impunemente, o dar un giro radical, en el que las cosas, los personajes y los partidos cambien. Es este hartazgo el que moverá millones de votos, este primero de julio.

Silvano a Juicio

En el estado, las votaciones también cumplirán el doble propósito de calificar los 3 años de este “Nuevo Comienzo”, como se promocionó el entonces candidato a gobernador y ahora mandatario estatal, Silvano Aureoles Conejo.

Lo que es un hecho es que muchas de las promesas se quedaron sólo en palabras y no nos hemos recuperado del descalabro económico y la inseguridad en la que nos hundieron los anteriores gobiernos, tanto del PRD como del PRI.

Silvano se ha dedicado a hostigar y castigar los movimientos sociales y a los grupos indígenas que luchan por defender sus derechos. No es casual, entonces, que a unas horas de las elecciones varios grupos purépechas del centro del estado protesten y se manifiesten para impedir las elecciones en sus comunidades.

Los indígenas, como muchos michoacanos, no creen en las elecciones como un medio para mejorar sus condiciones. Han sido engañados y ahora prefieren mejor no participar más.

Esto ha creado un conflicto para Silvano, a unas horas de las votaciones, cuya solución pareciera ser que se les respetara ese derecho, aunque boicotear las elecciones vaya contra la ley. Esperemos a ver cómo se soluciona, pero hacemos votos porque no se les reprima por expresar sus deseos y defenderlos.

A Silvano, como hemos dicho en este espacio, en anteriores entregas, lo tiene preocupado y ocupado el hecho de que su hermano Toño García Conejo pierda la senaduría que disputa, junto con el PAN.

Encuestas extraoficiales lo colocan en tercer lugar, a pesar de todo el despliegue publicitario y los recursos que se han gastado en esta campaña (seguramente muy por arriba del tope de gastos, que las autoridades electorales no ven).

Sería un gran golpe si Toño pierde estas elecciones, porque más que pensar en él, a la hora del voto, los ciudadanos piensan en Silvano. Es decir, será un voto de castigo para el gobernador.

Lo mismo ocurrirá si Toño García queda en segundo lugar y logra entrar de panzazo. Sería una victoria con sabor a derrota. Otra preocupación menos grave para Silvano es la elección de su otro medio hermano, Juan Luis García Conejo, quien compite por la alcaldía de Huetamo.

Ahí, un municipio pequeño y muy beneficiado por Silvano, parece que todo está controlado y que no habrá mucho riesgo. Pero lo que está en juego es todo el Oriente, región a la que Silvano considera de su propiedad, pero que no podrá conservar en esta elección.

Ya haremos cuentas, el 2 de julio y veremos cuál fue la decisión de los michoacanos, hartos de tanto atraso, pobreza y promesas incumplidas por nuestros gobernantes.

Zitácuaro

Aquí se juegan dos posturas: la de la continuidad de un gobierno encabezado por Carlos Herrera, a quien muchos ciudadanos aún ven con esperanza, pero otros ya no le creen, ya no tiene la misma magia “salvadora” de hace 3 años.

Por otro lado, está la panista-morenista, Rosa María Salinas. Mujer, por cierto, que presume de ser una empresaria exitosa y que al amparo de Andrés Manuel López Obrador maneja la carta de izquierdista-revolucionaria. Terminar con la corrupción y atender a los que menos tienen, son sus cartas de presentación.

Salinas, por cierto, ha sido presa fácil de la campaña negra en redes sociales, desde el inicio de la campaña. El argumento de sus detractores es su posible complicidad con el nefasto exalcalde Juan Carlos Campos Ponce, quien no pudo competir en la elección por su inhabilitación por irregularidades comprobadas por el Congreso del Estado.

Lo último fue la filtración de supuestas facturas que habría hecho Salinas al Ayuntamiento de Campos, por millones de pesos en material cobrado a precios súperinflados.

Así que lo que está en juego en esta elección es la credibilidad: Es decir, ¿a quién le creerán los electores: al continuismo-reelección o a la promesa de cambio de Rosa María-Andrés Manuel?

Claro, no son los únicos candidatos, los electores podrán optar, también, por el priista Leopoldo Martínez Morales, quien creemos que cometió los mismos errores que su antecesor, Juan Carlos Orihuela Tello hace 3 años: dejar fuera a los grupos y líderes priista y despreciar a los medios de comunicación.

Nosotros creemos que los ciudadanos deben de pensar su voto y tener una razón para marcar determinado logotipo de partido. Al hacerlo habrán cumplido con su deber ciudadano: expresarse mediante el voto. Acudamos a las urnas…

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