El Zitácuaro de mentiras de Campos

Ricardo Roja Rodríguez*Zitácuaro.- Se vale mentir. Decía el periodista y escritor George Orwell que “el lenguaje político está diseñado para que las mentiras suenen como verdades, que el crimen parezca respetable y para darle consistencia a lo que es puro viento”.

Juan Carlos Campos Ponce sabe mucho de esto, porque si bien la mentira es algo “natural” (por decirlo de algún modo) en los políticos, él ha alcanzado un alto grado de perfección, al grado de que a él mismo parece dificultársele distinguir en donde termina la ficción (sus ficciones) y dónde comienza la realidad.

Hemos estado presentes en muchos informes. Y todos tienen como característica común el estar llenos de verdades a medias o mentiras completas. Todo arreglado de tal forma que parezca que se hizo mucho, cuando la realidad dice lo contrario.

Pero en el caso de este tercer informe del alcalde Juan Carlos Campos Ponce se ha llegado a un gran nivel de perfeccionamiento de la mentira. Lo hace con tanta convicción que si no viviéramos en Zitácuaro y conociéramos la realidad, pensaríamos que es un gran gobernante que ha logrado dar un gran paso hacia el progreso de la ciudad.

Sin embargo, no, claro que no. Según sus propias palabras, ha hecho decenas y decenas de obras. Ha dato tantos apoyos y “bajado” más de 100 millones de pesos, gracias a su esfuerzo de “gestión”, que parece que no ha tenido descanso. Casi es un santo, consagrado al servicio público.

Su personaje está tan ensayado que hasta nos hace el favor de reconocer que hay algunas obras o acciones que no se ha podido terminar. Pero de inmediato aclara que no es por su culpa. Como todo héroe, tiene un enemigo que es el que le hace la vida imposible.

En este caso es, curiosamente, el gobierno del estado. El ejecutivo estatal, sumido en una grave crisis, culpa también de aquellos malvados gobiernos perredistas, le debe 60 millones de pesos.

Y no le paga. Por culpa de esta deuda es que ha tenido que parar obras, cancelarlas y quedarle a deber a los proveedores (cuya deuda de más de 20 millones de pesos, ha puesto al borde de la quiebra a algunos de ellos). Así que conste que no es culpa de nuestro noble presidente, sino del gobierno del estado.

Hay otros enemigos, que son los que están frustrados y quisieran ver que el preclaro alcalde fracasara. Pero él nunca les va a dar ese gusto, porque pueden lanzarle toda clase de acusaciones, más nunca le van a hacer daño, porque nunca han podido demostrarle nada.

En el mundo maravilloso, elaborado a base de mentiras por el alcalde, tanto para sí como para los ciudadanos, las pruebas de las acusaciones simplemente se hacen polvo en cuanto el presidente nos ilumina con su sabiduría.

Ante sus justificaciones y argumentos, no valen ni los dictámenes de la Contraloría Municipal, que documentó desvíos de recursos, tanto de becas, como del programa Vivienda Digna, además de obras inconclusas y de mala calidad.

Tampoco los fincaminetos hechos por la Auditoría Superior de Michoacán, que demostró que, en el 2012, el municipio de Zitácuaro fue el segundo más observado del estado.

Asimismo, no cuentan las denuncias ciudadanas, los escándalos de corrupción, los audios de la promotora cultural, en donde alguien que habla igual que el edil le pide “inflar” costos para que le deje una ganancia millonaria.

Nada vale, porque ante estas “calumnias”, la palabra de Campos Ponce vale más que todo, aunque no vaya acompañada de sustentos, de documentos, de pruebas, ni de cifras. Basta con que diga que todo lo que se dice no es cierto, para desvanecerlo…

Escondido

Claro que es posible que el alcalde haga su puesta en escena y que todo parezca maravilloso si lo hace a escondidas, sólo acompañado de sus incondicionales que están dispuestos a aplaudirle y festejarle todo (aunque en el fondo tampoco le crean).

Fue inteligente cancelar el informe público en un espacio amplio y encerrarse en la presidencia, con sus amiguitos. Curiosamente, además de algunos jefes de tenencia incondicionales, no hubo en el auditorio municipal ningún representante de la sociedad civil.

No estuvieron líderes campesinos, ni comerciantes, ni transportistas, ni profesionistas, ni estudiantes, ni maestros, ni líderes sociales; inclusive, ni dirigentes de los partidos (incluido el propio PRI).

Sólo ex alcaldes, funcionarios, trabajadores, proveedores consentidos, aquellos a los que sí se les paga, al precio que imponen; ah, y el empresario canadiense, al que le regalaron el terreno del panteón e hizo la pantomima de que comenzaba la obra del “parque industrial”.

También, el nuevo amigo del presidente: el diputado Silvano Aureoles Conejo, con el que recién se reconcilió, luego del distanciamiento por diferencias en cuanto al “diezmo”.

Se han vuelto a unir porque tienen intereses mutuos. Se tratan como los grandes capos de las películas de mafiosos: con cortesía pero con desconfianza. Por eso, en sus encuentros cada quien lleva a sus “guardaespaldas”.

El espectáculo vivido este viernes en la presidencia es vergonzoso. Cómo es posible que un mal gobernante mienta tan descaradamente en su informe y nosotros nos quedemos cruzados de brazos. Nuestra labor como ciudadanos es fiscalizar.

Los servidores públicos (como el caso del alcalde, aunque él se sienta dueño del municipio) deben de estar sometidos a permanente escrutinio de la sociedad. Esa, la de vigilar, cuestionar y exigir, es nuestra responsabilidad.

Tenemos listo ya, el primer análisis del “informe”, en donde señalamos las inconsistencias y las obras que no existen, pero se presumen como terminadas. A falta de espacio, lo dejaremos para la próxima edición.

La Mentira en los Políticos

Antes, queremos compartir el fragmento de un ensayo, elaborado en España, sobre las mentiras de los políticos. Cualquier parecido con lo que pasa en nuestro municipio, por supuesto que no es mera coincidencia:

“Un político sabe perfectamente hasta dónde puede llegar con la mentira, corrupción, totalitarismo y abuso en base a las limitaciones y exigencias que le impongan los ciudadanos.

“Mentir ya no importa, como no importan muchas cosas que antes no se toleraban con tanta facilidad.

“Peor aún es la mentira que se comete para negar la realidad, para no verla. Literalmente, vivir en la mentira, no como medio ‘lícito’ para lograr un fin, sino como forma de vida, para ocultar un sufrimiento,un fracaso que nos resulta intolerable soportar.

“Este tipo de mentira está más extendida aún que la primera y adopta formas casi infinitas…

“Nos hemos dejado hacer pasivamente, queriendo vivir en la mentira que nos iban proponiendo estos mentirosos profesionales que son los políticos.

“Ha habido un proceso de degradación política y moral. La soberanía popular dirigida por mentirosos profesionales nos ha hundido en la decadencia más aplastante.

“Es muy fácil la respuesta del porqué los políticos mienten. Dependiendo del grado de decencia ciudadana, así abusarán. Los políticos, son ciudadanos igual que los demás; salen del mismo pueblo, ciudades y ambiente que el ciudadano medio.

“Por mentir, en otros países los políticos dimiten; no traspasan los límites de la ley y, si lo hicieran, están fuera de su cargo en un santiamén. Eso sucede porque la ciudadanía en esos países no tolera el robo, corrupción, mentira o abuso de sus libertades”.

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