Nostalgia del Pasado con Mirada Hacia el Presente

Por Julio Antonio Rojas Rodríguez*Esta vez, como ha sucedido en algunas otras ocasiones, me toca escribir esta colaboración en el día de mi cumpleaños y, como casi siempre me pasa, me da la nostalgia y las ganas de escribir vivencias y mi forma de ser.

También me estaba acordando de un montón de cosas de la infancia y adolescencia y me di cuenta que, cuando llegamos a cierta edad, el tema de lo pasado surge inevitablemente. Es por eso que decidí un día, iniciar este espacio para compartir todas esas cosas, lugares, juegos, series , caricaturas, modas y sobre todo, música, recuerdos que invaden mi mente y me transportan inevitablemente a lo que he llamado, mis mejores tiempos.

Es por ello que retomo y complemento algo que había escrito hace unos años, sobre mi forma de ser y como me siento, al pasar de los años, con mis gustos de buena música y de nostalgia de mis años de adolescencia y juventud.

De como esto ha influenciado en mi forma de ser hasta ahora, que soy una adulto casado y con dos hijos y, que a pesar de esto, sigo teniendo mi vicio por la uena música, las buenas películas y todo lo que me recuerda al pasado, es lo que me queda de vicio, bueno si se le  puede llamar de alguna manera esta afición mía.

Yo me siento, a pesar de haber vivido las décadas de la mejor música, desde los sesenta y hasta la fecha, como un ochentero, ese que ha decretado que la suya es la única generación que ha cabalgado entre lo analógico y lo digital que ha conocido lo mejor de ambos mundos, aprovechando lo que valía la pena del primero y aplicándolo a las novedades tecnológicas del segundo.

Los nostálgicos somos ahora fanáticos de la tecnología, porque para nosotros es como el maquillaje que nos permite contemplarnos siempre joven, siempre al día.

Por esa razón, hemos cambiado los discos de vinilo por CD (algunos hasta los volvimos a comprar), aunque mantenemos, y todavía funcionando, un tocadiscos (porque claro, aún tenemos en nuestra colección discos de vinilo, que por lo regular, ya casi no escuchamos). Hemos cambiado nuestras películas en VHS por DVD.

De hecho, últimamente, los cds también ya empiezan a formar parte de i pasado, y los sigo coleccionando, pues ahora, la música la almaceno en mi computadora o mi celular, si quiero escucharla, pues lo hago en estos dispositivos.

También hemos cambiado la tele viejita por una de pantalla plana de alta definición, para que nuestros hijos vean el Disney Channel o puedan jugar sus nuevos juegos.

Hemos cambiado la cámara de fotos de rollo por una digital de 8.4 megapíxeles de nuestro celular para documentar la infancia de nuestros hijos.

Algunos hasta llegamos a tener un iPod donde digitalizamos nuestras canciones de los setenta y ochenta. Por último, nos dedicamos a escanear sus fotos en papel (guardadas en otra caja junto a los viejos discos de vinilo) y nos ponemos a digitalizar videos familiares y musicales que grabamos de la televisión.

De hecho, déjenme presumirles, ahora estoy por iniciar la carrera de derecho en la UNAM, en su nuevo formato de educación a distancia para estar acorde con los adelantos, también, en materia de educación y al mismo tiempo terminar por fin una profesión.

Es por ello, que a pesar de que ya han pasado muchos años y los adelantos han sido bastantes desde que era adolescente, yo sigo adaptándome a ello, pero sin dejar de lado mis gustos y mis aficiones nostálgicas del pasado.

Yo, como buen ochentero disfruto hoy, por edad, de mitificación y recuerdos. Creo que mi generación ocupa los puestos clave en cualquier ámbito social de influencia, aunque para conseguirlo no hemos tenido que hacer nada, simplemente envejecer. Los famosos ochenteros que marcaron tendencia en su momento ahora son admirados e imitados, mientras que los que no triunfaron son los auténticos que no se vendieron al mercado.

Nada de los ochenta se desperdicia. A todo el que quiera escucharle el ochentero le vende el relato de su juventud (de la cual está enamorado), un tiempo de descubrimientos y conquistas, de inigualada felicidad sin cortapisas, llena de lo mejorcito de la cultura popular, especialmente de la música y las series de televisión, que ahora compra y descarga (eso prolonga su juventud) en un recopilatorio tras otro.

Como prueba de que me sigue gustando la buena música, déjenme hablarles de la canción que estoy escuchando en los momentos que estoy escribiendo este artículo, para no irme sin haber recordado y escrito algo sobre mi pasión musical.

Pues al ritmo del grupo The Knack, banda estadounidense proveniente de Los Ángeles, escucho su famosísima rola de My Sharona, una canción que lanzaron en el año de 1979 y con la cual irrumpieron con fuerza al iniciar la gloriosa década de los ochenta.

La letra y música fueron compuestas por el cantante y guitarrista Doug Fieger, quien en ese momento estaba enamorado de una jovencita de 17 años que se llamaba, evidentemente, Sharona. Sharona Alperin, para ser más exactos.

Pasando por alto que en ese momento Fieger tenía 26 años y Alperin era menor de edad, la pareja tuvo una relación que duró cerca de tres años durante la cual la muchacha viajó con el grupo en su tour mundial  y además tuvo tiempo de posar en el provocativo, que para la época era un atuendo que no era aprobado por los adultos de la época, en la portada del L.P., que en ese tiempo así se llamaban a las grandes producciones de los cantantes, los famosos discos de vinilo.

Y hablando de algo inapropiado inapropiado traducimos un fragmento de la letra:  Oh my pequeña bonita, bonita / ¿Cuándo me vas a dar tiempo, Sharona? / oh, enciendes mi motor, mi motor enciendes/ Como un arma pasándose de la raya, Sharona/ Nunca voy a parar, a desistir/Qué mente tan sucia. Siempre me levanta el toque/ de los jóvenes. /Mi mi mi i yi woo MMMM Mi Sharona.

Espero y la escuchen completa, es un agasajo para el buen oído musical, y con ese buen ritmo ochentero y rockero me despido por este día de mi cumpleaños.

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