Cinismo en el Conflicto de Intereses

M. en D. Joaquín R. Benítez Vera*El día de ayer, el presidente de la República (súper sic) Enrique Peña Nieto, alrededor de las 12:30 horas, dio un mensaje a la nación, en el que insistió que no hubo conflicto de intereses en su relación con el Grupo Higa y la “Casa Blanca” de las Lomas, ello en razón de que, “la presidencia de la república no otorga contratos”; un sofisma claro y evidente, pues si bien es cierto que, de manera material y orgánica, la Presidencia no otorga contratos, y son las diversas dependencias quienes los dan, por ejemplo, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), no se puede hacer a un lado el hecho de que el jefe máximo es el titular del ejecutivo.

Cual sofista griego, el presidente quiere verter nubes de humo para distraer la atención de los mexicanos, de aquellos que aún creen en la verborrea política, pues si la memoria no falla y la ley no ha cambiado, los titulares de las diferentes Secretarías, son nombrados por el Presidente en turno ¿o no? Es decir que los diferentes Secretarios de “Estado”, deben su trabajo a Peña Nieto, por tanto, tienen que obedecerlo en todo, pues de lo contrario pueden ser removidos al instante.

Lo que Peña Nieto dijo en su discurso, se puede entender desde dos vertientes, la primera, que los Secretarios (as) son autónomos y su designación obedece a intereses más fuertes que el poder del titular del Ejecutivo; segunda, se trata de una mentira más para tratar de sacar a flote la maltrecha imagen del mandatario del país y revertir la opinión de corrupción que se ha implantado en la psique de millones de mexicanos, la cual no es una especulación sin fundamento, sino una conclusión lógica al saber históricamente el manejo de la administración pública que ha enriquecido a los políticos.

Enrique Peña dice que ha instruido al Secretario de la Función Pública, para que indague si en realidad hubo algún conflicto de intereses o no (después de tres meses), lo que conduce inevitablemente a un encubrimiento a priori, pues el empleado del presidente jamás pateará el pesebre diciendo que sí hubo una conducta indebida, por el contrario, concluirá, con una interpretación de la ley a su favor, que no hubo tal conflicto; al final, el juez y parte recaerá en el mismo Ejecutivo Federal. “El Estado soy yo”, resume el primer mandatario del país.

La simulación sigue estando presente en la toma de decisiones, no se puede hablar de combatir la corrupción, cuando ha sido el presidente de la república y su círculo más cercano, quienes se han enriquecido a la sombra del poder y asimismo han beneficiado a ciertos empresarios consentidos, los cuales han sido beneficiados con multimillonarios contratos.

Si viviéramos en una verdadera democracia, la sola sospecha de un acto de corrupción, hubiese sido suficiente para que el funcionario o servidor público renunciara, fuese investigado y juzgado por su conducta; empero, como estamos en el México de “todo se vale”, la democracia es una falacia y la corrupción un estilo de vida del putrefacto sistema partidocrático; la ley debe aplicarse y cumplirse por todos, sin excluir al  presidente y su primer círculo.

Rumbo a las Elecciones

A nivel regional, la carrera por ser los próximos ungidos para llegar a un cargo de elección popular comienza a cobrar color y subir de tono, las principales fuerzas políticas PRI, PAN y PRD, se han visto envueltas en la inconformidad de sus militantes, quienes acusan a sus dirigencias nacionales y estatales de querer imponer a ciertos grupos, a los mismos, a los de siempre.

Si bien en muchos municipios y distritos ha habido “unidad”, forzada, en otros las huestes se disputan cualquier resquicio de poder, acusándose de “imposiciones” y “favoritismos”, lo que materialmente es cierto, pues siempre ha sido así, empero, los que hoy alegan imposiciones, alguna vez fueron beneficiados por esta práctica del poder partidario.

Quienes hoy hacen diatribas y amenazan con irse a otro institutos, en el ayer, fueron los ungidos con el buen óleo sobre la cabeza, pero ahora, al no verse bendecidos, muestran la cara de la ambición y el capricho; cierto es que existen los verdaderos militantes de sacrificio, aquellos que construyen a los institutos políticos en el campo, pero que son excluidos a la hora de la repartición por los cacicazgos que existen al interior de cada partido, ellos sí tienen todo el derecho para reclamar un espacio, no los junior o herederos de grupos caciquiles.

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