Oponernos a Nuestros Gobernantes Autoritarios, Lección del 2 de Octubre

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro.- Lo ocurrido hace 50 años en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, no debe de olvidarse jamás. No sólo para que no se repita, sino para que los ciudadanos estemos conscientes del poder que tenemos cuando nos unimos y nos oponemos a la tiranía de quienes pretenden gobernar, no sólo el país, sino también nuestras vidas.

Claro que no triunfó el movimiento del 68, que fue acallado a sangre y fuego. Los estudiantes que iniciaron con protestas por la brutalidad policíaca en su contra terminaron reprimidos, encarcelados, asesinados, señalados como revoltosos y criminales.

La impunidad sobre el gobierno, la policía y el ejército persiste, a 50 años de la matanza de mexicanos a manos de militares. Nadie fue castigado por estos asesinatos. El presidente que los ordenó, los que los ejecutaron. Todos gozaron de la protección del régimen, por siempre.

¿Qué pedían los estudiantes y ciudadanos involucrados en esa lucha? En realidad, bien poco: destitución de los jefes policíacos que los reprimieron, la salida del ejército de sus instituciones educativas y respeto a los derechos humanos, a su libertad de expresión y manifestación.

Ninguna de estos planteamientos suena fuera de la realidad, no absurdo, ni exagerado. No atentaban, ni contra la investidura presidencial, ni contra el propio sistema político. Pero el gobierno se cerró y nunca dialogó, ni escuchó.

En 1968 se padecía un gobierno totalmente autoritario. Aunque había elecciones y cada 6 años se cambiaba al presidente, en los hechos se vivía en una dictadura, en la que las libertades individuales no tenían cabida.

Nadie podía disentir, ni protestar, porque era reprimido. Como antecedente al movimiento estudiantil se vivieron las huelgas de diversos sindicatos obreros. Entre ellas, la de los ferrocarrileros, cuyos líderes eran encarcelados y asesinados.

Así que un grupo de estudiantes en las calles, con protestas, con exigencias de libertad, era algo inconcebible; en esas condiciones, la única respuesta fue la violencia para acallar los gritos de desesperación de los ciudadanos de ese México.

Finalmente, no triunfaron los jóvenes, sino el autoritarismo. Ninguna de sus peticiones fue concedida. Nada. Masacre. Pasaron muchos años, décadas, para que el gobierno reconociera los derechos humanos y se crearan instituciones que vigilaran su cumplimiento. Y todavía no son del todo efectivas que digamos.

El derecho de manifestación fue ganado por nuevos y posteriores movimientos. Ha costado mucha lucha, para que el régimen cambie, poco a poco, a fuerza de protesta, de más sangre.

Pero el movimiento de 68, si bien no triunfó, sembró la semilla. Eso fue lo valioso. Eso es lo que celebramos: a aquellos ciudadanos que soñaron con un país mejor, más libre, más justo, en el que las autoridades los escuchen, los respeten. No se ha logrado del todo, pero el camino ya está andado.

Otoño del 68, sangre y fuego, sueños y esperanzas de una sociedad que se vio a sí misma sin cadenas, con democracia y libertad. Utopía que fue acallada con armas. Pero lo que no pudieron, nunca, eliminar, fue el eco de los jóvenes que pedían un país más justo. Todavía se escucha y germina en la mente de los mexicanos…

Y el Autoritarismo Persiste

A 50 años, muchas cosas han cambiado, pero otras muchas persisten, en mayor o menor grado. La represión en contra de protestas de grupos ciudadanos es una realidad en este Michoacán, en el que el gobernador “izquierdista” responde con policías, con balas, con macanas. Pareciera delito exigir justicia en el estado.

El gobernador Silvano Aureoles Conejo, quien por su supuesta militancia ideológica de izquierda debería de estar del lado de los débiles, de los oprimidos, se ha convertido en un pequeño dictador.

No hay más verdad que la suya. Se siente dueño de la razón y el que esté en desacuerdo es visto y tratado como enemigo. Aplica la vieja sentencia de “si no estás conmigo, estás contra mí”, que es una forma de autoritarismo.

La nueva muestra de este estilo ególatra de gobernar es la crítica a los alcaldes que se han negado a firmar el nuevo convenio de seguridad pública estatal. Estos días, con motivo de sus “diálogos” que en realidad son monólogos en los que difunde los “grandes logros” que ha obtenido en 3 años de (des) gobierno ha atacado a estos nuevos “enemigos”.

En su visita a Zamora, acusó al alcalde de violar la ley al contratar, como jefe de la policía, a un delincuente relacionado con los Caballeros Templarios. Y que por eso hay tanta violencia en ese municipio.

Acusar, sin pruebas, es un delito. Y si las tiene, se ha convertido en cómplice al no denunciar un delito ante las autoridades judiciales. No es el único caso. Dice que hay otros 4 municipios en donde los nuevos alcaldes han hecho acuerdos con grupos delincuenciales.

Y todo porque se negaron a firmar su nuevo acuerdo policíaco, porque no confían en él. Y hay motivos para desconfiar, porque en estos 3 años Silvano no ha mejorado la situación de inseguridad en el estado. Por el contrario, las cosas han empeorado.

La policía michoacana se ha convertido en “su” corporación de seguridad, que opera a su servicio, para sus intereses (recuérdese los señalamientos de que esta corporación repartió dádivas en las pasadas elecciones, para beneficiar a los candidatos de su partido).

No defendemos a los alcalde y jefes policiacos. No metemos las manos al fuego por ellos, pero no se vale que se les descalifique sólo porque no están de acuerdo con él. La violencia en Zamora viene desde hace meses, no es nueva. Y el gobernador no pudo (o no quiso) combatirla, controlarla. En fin…

Intolerancia en Zitácuaro

Guardadas las proporciones, pareciera que el alcalde Carlos Herrera Tello, ególatra adicto a transmitir por Facebook sus actividades, no ha aprendido nada de la historia de la rebelión ciudadana que se gestó el 2 de octubre de 1968.

Hoy en su transmisión mientras fue a buscar a su “hermano” Antonio García Conejo, recordó que se celebró el aniversario del movimiento del 68. Habló de la libertad, de los ciudadanos que fueron protagonistas del movimiento del 68.

A pesar de ello, en su segundo período presidencial municipal se ha convertido en un pequeño dictador, que no ve ni oye a los ciudadanos. No los considera dignos de ser interlocutores de él, porque sólo hace lo que quiere, cuando quiere.

Hay una sensación de que a Herrera no le importa su nuevo gobierno. Está ausente, distante, como que ya le cansó esto de ser alcalde, sin dinero, y pasa mucho tiempo fuera de su oficina, de su municipio.

Si en los primeros tres años el munícipe ignoró a los ciudadanos, ahora ya no le importan para nada. La pregunta es: ¿qué va a pasar en los siguientes meses de gobierno, cuando no hay ni planes, ni proyectos? Pareciera que para ser escuchados, los zitacuarenses necesitamos unirnos y hacernos oír.

Falta de Respeto

Por cierto, como mencionamos, Herrera, ausente de Zitácuaro, sí se acordó del aniversario del movimiento del 68, violó la ley sobre el escudo, la bandera y el himno nacional, que obliga a colocar la bandera a media asta, en señal de luto.

Y ni siquiera se recordó, de forma oficial, este acontecimiento de gran importancia histórica en México. Nada, ni siquiera se tomó la molestia. No sólo fue omiso con esta disposición oficial, que en la capital del país marcó un precedente, al reunir a los titulares de los poderes políticos en el homenaje.

También lo ha sido con la bandera oficial del municipio, que a diario se ondea en la plaza central. El símbolo del país ha sido descuidado, al grado de que ya está roto y así se coloca, para vergüenza de los ciudadanos.

La bandera está descolorida de lo vieja que está y, si no se sustituye pronto, la parte rota, que de momento es desgarre en la esquina que apenas se aprecia, se extenderá aún más, de forma evidente.

¿Por qué no mostrar respeto por la bandera? ¿O sea, ni eso puede hacer el alcalde? ¿Ni para eso hay dinero? ¿Cuánto puede costar una bandera? No es una gran cantidad. Seguramente, mucho menos de lo que se gasta en frivolidades como los constantes viajes de “gestión”. Qué falta de respeto para el símbolo patrio…

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