Herrera, la Brutalidad Policíaca y las Deudas Millonarias

Por Ricardo Rojas Rodríguez

Zitácuaro.- En teoría, los 11 millones de pesos erogados por el Ayuntamiento para comprar 15 patrullas y 10 motopatrullas deberían de servir para contar con una mejor policía. Pero ¿cómo se va a mejorar lo que está torcido? Es decir, una corporación cuyos miembros acostumbran a torturar y abusar de los ciudadanos, impunemente.

Sí. Las patrullas eran necesarias, porque la corporación quedó paralizada luego de que el gobierno del estado se llevó sus unidades. El Ayuntamiento no se preocupó por adquirir vehículos, confiado en el apoyo de papá Silvano Aureoles Conejo, pero no supo que hacer cuando ya no se tuvo el respaldo.

Pero es más urgente reinventar la Policía Municipal. Actualmente, con o sin exámenes de confianza, los elementos han conformado una especie de mafia en la que sólo impera su ley, y hay un código no escrito en el que se protegen uno a otros, ante los ciudadanos.

Es urgente romper esta inercia, esta red de complicidades al interior de esta corporación, si es verdad que el alcalde tiene la voluntad de convertir a la policía en una institución que cuide y proteja a los ciudadanos. De otra forma, sus discursos en favor de una nueva policía serán sólo mentiras.

Los elementos están acostumbrados a golpear a los detenidos, sin que haya nadie que lo impida. El cabildo anterior hizo un reglamento para la operación de la policía, en la que era obligada la presencia de un representante ciudadano en la Barandilla, con autoridad para proteger a las personas que eran detenidas.

Ese juez ciudadano debía de vigilar que se protegieran sus derechos humanos y que se les cobraran multas justas, respaldadas con su respectivo recibo, cuyo dinero sí ingresara a la Tesorería Municipal, para que se destinara a programas de impacto social.

Pero ¿qué pasó con ese reglamento? Nunca llegó a aplicarse, porque el alcalde Carlos Herrera no tuvo la voluntad de ponerlo en marcha y dejó las cosas como están. En la anterior administración tenía la excusa de que su policía formaba parte del Mando Único y que no podía interferir. Ahora ya no tiene ese pretexto.

Separos de la Muerte

Al escuchar el relato del ciudadano que recientemente fue detenido injustificadamente y torturado, uno entiende el porqué hace 2 años dos personas que estaban en los separos de la Policía Municipal fallecieron… y no de muerte natural, sino producto de las golpizas que recibieron.

Hay quienes creíamos que esos dos muertos habían sido suficientes y que los mismos policías entendían que no podían tratar así a los detenidos. Pero eso era sólo una ilusión.

Si no ha habido más muertes en los separos no es porque la tortura a los detenidos haya sido erradicada, sino porque ya aprendieron a golpear de forma más moderada (por llamarlo de alguna forma) para evitar que la gente se les muera mientras están en su custodia.

La víctima de la que hablamos en esta edición de Primer Plano fue detenida sólo porque declaró en el caso de uno de los fallecidos, lo que provocó que un elemento (el presunto responsable de la tortura mortal) fuera detenido.

Es decir, se trataba de la venganza de los policías municipales por el hecho de que uno de los suyos esté preso por haber violado la ley. Y, para darse el gusto de desquitarse contra el “maricón” (como lo llamaron por haber declarado la verdad) no se midieron.

Queremos creer que no todos los policías son así, que hay elementos que en realidad se preocupan por hacer su trabajo y que están en la corporación, no sólo por necesidad de un empleo, sino por vocación.

Pero lo malo es que son estos malos policías, los integrantes de esa mafia a la que nos referimos, los que controlar la corporación. Y lo hacen, a pesar de lo que el alcalde quiera o prometa a los ciudadanos, porque le ha temblado la mano para poner orden.

Lo mismo podríamos decir del secretario de Seguridad Pública Municipal, Rafael Hernández Albarrán. No sabemos si él sea parte de esta mafia, pero sí es un hecho de que los deja hacer, que voltea para otro lado, mientras los elementos hacen lo que quieren.

Si Hernández Albarrán fuera igual de duro con sus elementos como lo es con los ciudadanos, las cosas serían diferentes. Con la gente siempre aplica la rigidez de su formación policial que nos gustaría que utilizara para poner en orden la corporación… Mal, muy mal.

La Deuda a Corto Plazo, Como Bola de Nieve

A casi 200 millones de pesos ascendía la deuda a corto plazo del municipio de Zitácuaro, al 30 de septiembre de este año (en este momento ya debe de ser mayor). Es un adeudo peligroso, porque a diferencia de los pasivos a largo plazo, como los créditos de la banca, que se abonan cada mes, éstos deben de pagarse ya.

La mayoría de ellos corresponden a proveedores de bienes y servicios. Es decir, empresarios, generalmente mediamos o pequeños, que tienen facturas por cobrar y que nomás no ven su dinero de regreso.

Es inexplicable por qué, en lugar de disminuir esta deuda a corto plazo, se incrementa. El mismo alcalde Herrera, en el pasado se molestaba cuando se le hacía notar el gran tamaño de estos pasivos, que se traducían en un montón de acreedores desesperados por cobrar ya.

Su explicación era que se trataba de un manejo contable, que el dinero estaba garantizado, que se tenía y que sólo era cosa de realizar el trámite normal para realizar los pagos. Y, sin embargo, esta cantidad no baja, sino todo lo contrario: crece como bola de nieve en una pendiente.

Y, en teoría, efectivamente, la cuenta pública señala que hay dinero en los bancos, que fluye el recurso de las participaciones y apoyos especiales de los gobiernos estatal y federal.

Decimos que, en teoría, porque en la práctica, el Ayuntamiento no tiene ni un peso, ni para comprar hojas de papel para que trabajen las oficinas que atienden a los zitacuarenses. Algo pasa, y no es bueno.

Y, tan desesperados estarán algunos acreedores de la administración municipal, que la síndica Mirna Merlos Ayllón, que es tan incondicional con el alcalde que no se atreve a lastimarlo ni con el pétalo de una crítica, tuvo que hacerlo.

En el dictamen que suscribe la Comisión de Hacienda que encabeza ella pidió al alcalde que le page las obras y pasivos (a corto plazo) comprometidos a finales del 2017 y que ya se devengaron. Tan sólo en este caso, los acreedores han tenido que esperar 10 meses y aún no han podido cobrar.

La pregunta es: ¿en dónde está el dinero que, en teoría, tiene el Ayuntamiento en sus arcas y que sumará 700 millones de pesos al final del año, una cifra sin precedentes en la historia del Ayuntamiento? Lo cierto es que, en los hechos, en la realidad que vivimos día a día los zitacuarenses, no se refleja.

Además, otro dato extraído de la versión de la síndico municipal, de la cuenta pública del tercer trimestre de este 2018, que parece incomprensible: Para inversión pública (obras, programas y acciones de beneficio social) se aprobó el gasto de 183 millones 178 mil 578 pesos.

Es una buena cantidad, sin duda, aunque menos que la que se gastará en el pago de salarios al personal del Ayuntamiento. Pero en los primeros 9 meses del año sólo se habían ejercido 83 millones 360 mil pesos.

Lo anterior, equivale a que en las 3 cuatro partes del año se ejerció menos de la mitad del dinero para inversión pública y, para el trimestre restante se tendrá que gastar más del 50 por ciento; es decir, 99 millones 817 mil pesos.

¿Cómo? ¿Hay dinero para inversión pública y no se ejerce? ¿Dónde está el recurso? Y, en los 2 meses que restan (porque ya estamos a finales de octubre), ¿a qué se va a destinar? ¿Qué grandiosa (por decirlo de alguna forma) obra o programa requerirá de casi 100 millones de pesos?

En la cuenta pública hay más dudas que explicaciones. Un subejercicio del recurso para inversión y un incremento de la deuda a corto plazo que crece y crece y nomás no se paga. ¿Y el dinero? Esa es la gran incógnita…

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