Carlos Herrera no es Inocente de Linchamientos

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro.- ¿La gente es tonta porque no sabe deslindar las competencias de cada autoridad y no se da cuenta de que él es inocente de toda responsabilidad de los linchamientos? Eso fue lo que acudió el alcalde Carlos Herrera Tello a decir a la radio, en su entrevista pagada de los viernes, mientras culpaba a Derechos Humanos de no haber parado la represión.

¿Acaso es que el alcalde es, o se hace? Se dice muy preocupado por los linchamientos en Crescencio Morales y afirma que está dispuesto a que se esclarezca y que dará TODA (así, con mayúsculas) la ayuda que las comunidades necesiten. Hasta se ofreció acompañarlos a presentar una denuncia por los abusos policíacos.

De esa forma, casi paternal, se expresó respecto a los hechos y se ofreció, casi casi, como intermediario para que todo se aclare. Sin embargo, no es esa su función. El alcalde debe de asumir la responsabilidad que le corresponde en la descomposición social que llevó a los linchamientos.

Él no es parte de la solución, sino del problema. Para que las cosas se resuelvan debe de componer lo que él ha hecho mal, en relación con la inseguridad en las comunidades, que no ha dejado a sus habitantes más que el impulso de defenderse a sí mismos.

Que no se haga tonto: los linchamientos no se dieron sólo porque sí, de repente. Se trata de una consecuencia de una serie de hechos que arrojaron la barbarie como resultado. Y él es responsable de ello, según la ley, por no hacer lo que como autoridad municipal le corresponde.

No, Carlos Herrera, no quiera confundir a la gente y asumir un papel angelical, cuando ni siquiera da la cara ante los medios y los ciudadanos y prefiere esconderse atrás del micrófono, con una entrevista arreglada, para justificarse.

En día del operativo en las comunidades, en el que golpearon a la gente sólo porque sí, la despojaron y la robaron, Herrera estaba en un evento en Morelia. Y el día después del bloqueo en la carretera a México, el que salió a dar la cara fue el secretario del Ayuntamiento, solitario, sin apoyo y sin respuestas a la mayoría de las preguntas.

¿Cuál es el papel de Carlos Herrera? Según la ley es el responsable de la seguridad en el municipio. Además, es, también de acuerdo a las normas, el jefe de la policía. Lo que sus elementos hagan es su asunto.

Desde su primera administración (así que no puede fingir demencia) se le exigió en muchas ocasiones el dar seguridad en las tenencias. Principalmente, en la zona indígena, donde los viejos problemas del alcoholismo se han complicado con el consumo de drogas; especialmente entre los jóvenes.

Ya ha habido problemas derivado de ello y el llamado a las autoridades municipales a brindar seguridad ha sido ignorado en múltiples ocasiones por el propio Carlos Herrera Tello.

¡Vaya! Si ni en la zona urbana los ciudadanos nos sentimos seguros, la situación en la zona rural, en las comunidades de difícil acceso, es peor. No nos diga, presidente, que estamos confundidos y que es mentira que usted tenga responsabilidad.

Con esa actitud, lo único que va a lograr es que la mitad de los electores que votaron por usted se arrepientan de haberlo hecho, ya sea por convicción o por conveniencia. En el fondo, con la experiencia de los primeros 3 años, abrigábamos la esperanza de que se partiera de una base para mejorar. Pero cada vez vamos peor.

¿Cuál es la solución a esta problemática? ¿El diálogo que usted dice que ofrece de manera permanente? ¿De verdad está abierto a platicar con las comunidades? ¿Desde cuándo? ¿Es cierto que las puertas de su administración están abiertas? ¿Por qué, entonces, le da la espalda a la gente?

Otro asunto lamentable es el culpar a la Comisión Estatal de Derechos Humanos de no haber parado la brutalidad de la Policía Michoacán en el operativo de represión. Él “personalmente” les pidió que acudieran.

¿Por qué no fue él o envió personal que documentara la actuación de la Policía? Esa es la razón por la que Derechos Humanos no fue: no sólo no les harían caso, sino que también hubieran sido objeto de violencia, como ya ha pasado en ocasiones anteriores.

Así que esa justificación del alcalde no es válida. Los Policías estatales (y municipales también) se mandan solos y hacen lo que se les da la gana, con la complacencia de sus jefes (él incluido).

Y su misión era amedrentar a la población de las comunidades. Espantarlos para que ya no se atrevieran a hacer más ruido en relación a los hechos. De paso, hicieron lo que mejor se les da: robar y golpear.

O, ¿acaso era otra su finalidad? No tienen autoridad para detener a nadie, a menos de que sea in fraganti. Tampoco tienen capacidad para investigar. No iban a brindar seguridad.

Es decir, su presencia no tenía ninguna justificación. Iban a hacer lo que hicieron: golpear, meter miedo a los indígenas y robarles lo poco que tienen (y que, en realidad, es muy poco porque son los más pobres del municipio).

Proceso Viciado

La investigación que el gobernador prometió, que resolvería los linchamientos y llevara ante las autoridades a los responsables, sólo se ha limitado a detener a los jefes de las tenencias en donde se realizaron los hechos.

Al jefe de tenencia de Francisco Serrato, se menciona, se le tendió un cuatro. Es decir, se le invitó a la zona urbana, a participar al desfile, y fue sorprendido por policías que lo detuvieron.

Eso provocó el bloqueo de la carretera a México, por gran parte del 20 de noviembre pasado. Ante la amenaza de un desalojo, aceptaron la “mesa de diálogo”, que sólo es un mito.

Pero, resulta que el delito por el que acusan al jefe de tenencia que detuvieron con tan espectacular despliegue, no es grave. Es más, no debió de ser detenido. No ameritaba orden de aprehensión.

El proceso normal era citarlo a comparecer. De negarse, entonces se le invitaría a acudir por medio de la fuerza pública, pero sin orden de aprehensión. Entonces, ¿para qué tanto ruido?

De la misma forma se detuvo al jefe de tenencia de Crescencio Morales. Pero, en este caso, las autoridades actuaron de forma menos agresiva con él. Ambos, como lo marca la ley, fueron liberados para que sigan el proceso en libertad.

¿Para qué alterar a las comunidades con despliegues, cuando la acusación no lo ameritaba? ¿Por qué los jefes de tenencia son las únicas autoridades a las que se les ha fincado responsabilidades?

¿Qué pasa con la Fiscalía y con los jefes de las policías estatal y municipal, cuya responsabilidad en los hechos es mayor? Todo parece indicar que la “investigación” está dirigida a culpar a las autoridades de menor rango, para que los demás gocen de impunidad.

Por cierto, hasta entre los jefes de tenencia hay niveles. Mientras al de Francisco Serrato se le ha cargado la mano, las autoridades han sido menos rigurosos con su similar de Crescencio Morales.

Además, mientras que el jefe de Serrato ha tenido que defenderse con sus propios medios, a su compañero, el Ayuntamiento le ha dado apoyo y facilidades. ¿Por qué? ¿Se trata de proteger a los que les son más afines? Mal.

Y, después de tantas irregularidades, ¿A dónde van las investigaciones? Es decir, se castiga a los jefes de tenencia que, en el caso de que sean encontrados culpables, no pisaran la cárcel, porque, repetimos, el delito no es grave.

Pero ¿qué sigue? ¿Cuándo se llamará a declarar a los jefes policíacos y al propio alcalde Carlos Herrera? ¿Cuándo se atrapará a los autores intelectuales y materiales de los linchamientos?

Y, lo más importante: ¿Atacarán los gobiernos municipal y estatal las causas de esa enfermedad social que trajo como consecuencia los linchamientos? De otra forma, la posibilidad de que estas situaciones se repitan queda latente.

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