Con su Salida, Herrera Demostró que se Burló de los Zitacuarenses

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro.- Carlos Herrera Tello no debió ser candidato ni presidente por segunda vez. No quería, no le interesaba. Y lo ha demostrado con creces, al desmantelar planes y programas del Ayuntamiento, en los 3 meses de su segunda administración. Fue ego y conveniencia política lo que lo obligó a hacerlo. Y los afectados hemos resultado ser los ciudadanos.

El “conservar” el municipio para Silvano fue lo que provocó que lo “bajaran” de la candidatura a la diputación federal, en la que ya estaba cómodamente ubicado y repitiera como abanderado a la alcaldía.

Silvano calculó que Rocío Beamonte o cualquier otro candidato perdería con facilidad. Confiaba en que Herrera, luego de 3 años de baños de pueblo, podría volver a ganar en Zitácuaro.

Pero no contaban con el impulso que Andrés Manuel López Obrador, en un momento político especial en México, daría a los candidatos de su partido. Rosa Salinas despertó expectativa y la gente decepcionada con el gobierno de Herrera se volcó a su favor.

Todavía está en duda si realmente Carlos Herrera ganó la elección. Oficialmente sí, porque hay un documento que lo prueba. Pero al día siguiente de las votaciones no era ese el ánimo de su propio equipo de compaña y el resultado preliminar lo avalaba.

En todo caso, la diferencia fue mínima, casi nada. El triunfo fue un volado. Roda Salinas descuidó el conteo de votos y la defensa legal fue deficiente. Carlos Herrera, por el contrario, contaba con un plan y un montón de recursos estatales a su favor.

Quizá en un momento, en las horas después de la votación, pudo haberse alegrado por haber “perdido” las elecciones, independientemente de la tristeza por saberse rechazado por los electores.

Pero tuvo que luchar, porque, aunque ya no quería ser alcalde, tenía que cumplir con la orden de su patrón real: Silvano Aureoles, quien no se resignaba a perder la ciudad a la que ha llamado su segunda tierra, donde nació su carrera política.

Así, la inercia lo llevó a volver a rendir protesta, nuevamente, como alcalde. El acto fue totalmente diferente al de tres años antes, en el que se respiraba emoción y esperanza. En esta ocasión no hubo nada de eso. Ahora, todo parecía monótono.

Y así ha sido la nueva presidencia. Si en su primera administración, Herrera comenzó con mucho impulso y ganas de hacer bien las cosas, marcar una diferencia. En la segunda oportunidad ya no puso nada de su parte.

Dejó de hacer, inclusive, los eventos, planes, programas que él mismo impuso, para mostrar su capacidad y ganas de resolver problemas. Ahora ya no. Las fiestas patrias fueron las peores de las que se tenga memoria. Y eso que el primer año de cada administración es el mejor. Este dejó mucho que desear.

No hay apoyos especiales para estudiantes y ciudadanos, no hay reparto de despensas a adultos mayores. Las ferias para impulsar los productos agropecuarios que fueron punta de lanza del progreso que Herrera prometía, ya no existen. Ya no se les da nada de apoyo ni importancia.

Claro que no hay dinero. Pero no todo se hace con recursos. El problema es que no hay ganas de hacer nada. No hay voluntad. A Herrera le emociona más impulsar luchas personales, como que lleva contra el alza de la energía eléctrica, que gobernar Zitácuaro.

No hay dinero, pero Carlos Herrera pasa mucho de su tiempo fuera de Zitácuaro. En México, en Morelia. En donde sea, menos en la oficina del Ayuntamiento, en donde le esperan personas son solicitudes de apoyos para resolver problemas reales.

Herrera no tiene ganas de gobernar, de hacer nada, sólo lucirse en los medios de comunicación, en donde las mentiras y las falsas ilusiones son el argumento de sus discursos. Pero no, ya no causan el mismo efecto que antes.

Y es que, si bien es cierto que una mentira repetida mil veces se puede convertir en verdad, también es realidad que una mentira no dura para siempre. Los políticos se desgastan, como el jabón, mientras más hablan.

Ahora, Herrera ha confirmado como inminente lo que se manejó desde el primer día que rindió protesta como candidato a la alcaldía, por segunda vez: que su misión sólo era cumplir con la orden de ganar la alcaldía. Después de eso, sería llevado por Silvano a Morelia.

Y así sucederá: Unos cuantos meses, que quizá a Herrera se le han hecho eternos, y ya se va. Un nuevo cargo y dejar el cargo de un Ayuntamiento que ya no se sostiene a sí mismo, envuelto en problemas, deudas y mentiras.

Carlos Herrera no debió de haber sido candidato por segunda ocasión, ni alcalde. En poco más de 3 meses ha destruido la credibilidad que le quedaba y la imagen que pudo haber generado en su primera administración, que puede ser calificada entre regular y mala.

El daño a Zitácuaro ya está hecho. Silvano y Carlos Herrera jugaron con nosotros, con nuestro destino. El alcalde se va, abandona el cargo, pero los ciudadanos nos quedamos y debemos de asumir las consecuencias de los intereses políticos fallidos de un gobernador que ya también ha perdido el piso y el contacto con la realidad. Muy mal…

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