Con Silvano y Herrera, Nada Bueno nos Espera Para 2019

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro.- En momentos como este, de inicio de un nuevo ciclo, es inevitable voltear la mirada atrás y ver lo que nos dejó el año que finaliza. Fue un año con muchos cambios; algunos para bien; otros, para mal. Desafortunadamente, en el estado y en el municipio no estamos mejor que en enero, sino peor, cada vez peor.

Andrés Manuel

2018 fue el año del cambio. Un cambio total de régimen, a nivel federal. Lo que todavía a principios del año se veía casi imposible a pesar de lo que siempre indicaron las encuestas, Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de México, tras dos intentos fallidos.

Ahora, a finales del año, ya tomó posesión y se enfrenta a los retos y desafíos de impulsar un cambio. México dio un giro a la izquierda. Una forma de gobierno que provoca escozor en los sectores más acomodados y en los políticos de los partidos tradicionales.

Pese a las críticas de estos sectores inconformes y los constantes señalamientos de errores que consideran equivocados (pero que nunca dijeron nada cuando el viejo régimen cometía los mismos yerros) todavía no sabemos cómo nos irá con esta “cuarta transformación”.

Ha habido cambios. El más profundo, hasta este momento, en la forma de distribuir el presupuesto federal. Se han restado recursos a las partidas que se prestaban al manoteo, por parte de gobernadores y alcaldes, y los que utilizaban los diputados federales para pedir “moches”.

Con ello se intenta combatir la corrupción tan arraigada entre la clase política, que cada año producía una nueva camada de millonarios, a costa de la población más necesitada.

¿Es un acierto? ¿Un error? Nadie puede decirlo, todavía. Cierto que se han hecho señalamientos de que se recortaron partidas importantes, como la del campo, la cultura y la educación.

Así las cosas, el 2019, México será un gran laboratorio de este cambio en la forma de gobierno, en el que se buscará desterrar el liberalismo económico que operó (y empobreció) en México desde al menos 1994.

Las Diputadas: Luz y Sombra

En relación a este tema, a nivel local y estatal, la ola de Andrés Manuel jaló a los candidatos de su partido y coalición. Las candidatas a diputadas Mary Carmen Bernal Martínez y Zenaida Salvador ganaron sus elecciones al imponerse a políticos consolidados del PRD.

Respecto a Mary Carmen, su triunfo fue menos sorprendente, porque se trata de una política con experiencia que durante los 3 años en que fue diputada local mantuvo contacto con diferentes sectores sociales.

Su alianza con Andrés Manuel fue decisiva para que ganara un distrito que llega desde casi la capital del estado hasta los límites con Guerrero. Se impuso a Elías Ibarra, un político muy querido en la Tierra Caliente de Huetamo, Tiquicheo, San Lucas, Carácuaro y Nocupétaro.

Ahora, Mary Carmen realiza una intensa labor en la Cámara, al frente de la Comisión de Seguridad Social, desde donde ha influido en el cambio de políticas para favorecer a los sectores vulnerables.

Sigue, además, con su visita al distrito. De hecho, ella ha llevado a cabo la labor que se esperaba de ella. Como lo dijo, iría a San Lázaro a apoyar las políticas de Andrés Manuel López Obrador y, hasta el momento, así ha sido.

Lo que sí sorprendió fue que la desconocida Zenaida Salvador ganara la elección para la diputación local sin casi hacer campaña. Campantemente se montó en la figura de López Obrador y se dejó llevar por la ola.

Fue una suerte para ella que los ciudadanos votaran en bloque, y le permitieran llegar al Congreso del Estado, con la idea de que allí combatiría las políticas del gobernador Silvano Aureoles y que sería un punto de enlace y gestión para los ciudadanos del distrito.

Pero no. Ella les dio la espalda a sus propias promesas de campaña y se dedica, tranquilamente, a estirar la mano para cobrar, así como aprovechar los privilegios y canonjías que le da la posición que obtuvo de chiripa.

Ha sido una total decepción. El clásico caso de los supuestos luchadores sociales de izquierda que sólo están en la batalla para obtener beneficios personales. Lamentable que los ciudadanos y su propio partido no la hemos obligado a que cumpla con su labor.

Caso Herrera

Y, a nivel municipal, la expanista Rosa Salinas obtuvo tal cantidad de votos que, en un principio, fue declarada ganadora de la elección ante un soberbio y crecido Carlos Herrera. En un principio, el alcalde que pidió licencia para volver a postularse pensó que la elección iba a ser un paseo por el municipio.

Tarde se dio cuenta de que la gente no estaba contenta con su forma de gobernar. Sólo el dinero y las presiones lograron que obtuvieron votos suficientes para llevarse la elección en un resultado que dejó muchas dudas.

Esto, porque el resultado se ganó, no necesariamente en las urnas, sino en los tribunales. En ese sentido, el que tuvo los mejores abogados y la suficiente malicia, fue el que se llevó la constancia de mayoría.

Pero el que haya pasado aprietos para ganar y necesitado de, casi, suplicar por el voto, nuevamente, no le sirvió de nada. La lección de las urnas se la pasó por el arco del triunfo y ahora no es ni la sombra de su primera administración.

Con su actuación (y a de otros alcaldes que repitieron, como el de Tuxpan), nos ha demostrado que la reelección no es una buena idea. No sirve para premiar a los buenos gobernantes, para que saquen adelante sus proyectos a largo plazo, sino para crear dictadorzuelos y minitiranos que sienten dueños de sus municipios.

El nuevo gobierno de Carlos Herrera adolece de vacío de poder, de autoridad, de (valga la redundancia) gobierno. Su historia es la de un alcalde que no quiere serlo. Está aburrido y se la pasa fuera en “gestiones” y en temas que le divierten más, como su “lucha” por reducir las tarifas de luz.

Su lema de campaña es que la experiencia hace la diferencia. Pero, vaya sorpresa, ha sido algo distinto, en efecto, pero para mal. Herrera, aparte de asegurarse de asignar millonarias obras a sus empresas favoritas (de las que se presume un gran desvío de recursos), no hace nada.

El equipo de trabajo que ocupa las principales posiciones no tiene compromiso y, sin vigilancia de su jefe, hace lo que quiere. El municipio es un caos y a Herrera ya le urge irse. Fue una mala, muy mala idea, darle la oportunidad de retener la alcaldía. Y todo por el ego de Silvano Aureoles de “retener” a Zitácuaro.

Con Herrera, en su nuevo gobierno se ha dado un fenómeno en el que la inseguridad la representan, además de los delincuentes comunes, que andan desatados, los propios policías. Se han convertido en el enemigo número 1 de los ciudadanos.

Además, se le recordará como el alcalde que permitió que los ciudadanos de las comunidades indígenas de Francisco Serrato y Crescencio Morales lincharan a 4 presuntos delincuentes que pensaron que podían operar impunemente en esa zona.

Y es que quizá ya lo había hecho porque las comunidades indígenas, al igual que el resto del municipio, son zonas sin ley, en donde la policía municipal ni se para. Esto, porque está muy ocupada de maltratar y robar a los ciudadanos de la zona urbana.

Herrera ni siquiera se esfuerza en quedar bien con sus gobernados. Esto muestra a un gran malagradecido que al recibir una oportunidad para continuar al frente del Ayuntamiento paga con desprecio.

Las fiestas patrias, que fue la primera festividad importante que encabezó en su nuevo periodo, fueron las peores de los últimos años. No hubo ni recursos, ni voluntad, ni organización ni ganas de hacer algo mínimamente decoroso.

Tampoco se organizaron las ferias para impulsar a los productores de guayaba, trucha y nochebuena, entre otros. Se les ignoró totalmente. No se hace nada, más que iniciar obras que dejan una buena “comisión”. Es un desorden.

Y esto no le importa ya a Herrera, quien está desesperado porque Silvano, su líder político, se lo lleve a Morelia, a integrar su gabinete, como “premio” por haber conservado “su” municipio.

Es casi un hecho, el mismo Herrera lo ha aceptado. Y es cuestión de días para que eso sea una realidad. Así que el 2019 es más incierto para nosotros, los zitacuarenses, que el 2018. De entrada, desconocemos quién será el alcalde y cómo nos vaya a ir.

Lo peor que nos puede pasar es que designen a un personaje gris, manipulable, que sea títere, tanto de Silvano Aureoles, como de Carlos Herrera. Definitivamente, las cosas no pintan bien, nada, nada bien.

Silvano

El gobernador se ha convertido en el peor enemigo de los michoacanos. La policía, inútil para evitar la multiplicación de grupúsculos criminales que se pelean el poder y las “plazas”, hace su mejor papel como represora de ciudadanos y de organizaciones sociales-sindicales.

Contra lo que la versión de Silvano, las cifras nacionales indican que Michoacán continúa en el grupo indeseable de los estados más peligrosos del país. Esto, combinado con una crónica crisis económica dan como resultado un coctel que se antoja explosivo.

Aureoles, luego de fracasar en sus proyecciones electorales, en las que se puso del lado de su amigo Enrique Peña Nieto para apoyar a su candidato, el priista Antonio Meade, se ha convertido en un gallito de pelea.

Lo que nunca le reclamó a Peña, a quien, por el contrario, le servía de tapete, ahora sí le reprocha a López Obrador. No podía ser de otra forma, porque Silvano desde un principio expresó su repulsión por el Peje, a quien calificó de loco.

Al menos en esto ha sido congruente Silvano. El problema es que son sus odios personales nos arrastra a todos los michoacanos. Hace tiempo que Aureoles ya no representa a los habitantes del estado y no lucha por nuestros intereses, sino los suyos propios.

Esta misma semana, inclusive, protagonizó un escándalo al pelearse con líderes del Congreso Federal, a quienes reprochó que no lucharan por un mayor presupuesto para el campo. Se le recordó, con justa razón, que él no tenía calidad moral para reclamarles, porque como diputado y gobernador sólo sirvió de comparsa con Peña Nieto.

Silvano quiere que le quiten la nómina de los maestros estatales y que le den más recursos para Michoacán. Y, precisamente, a eso se reduce su enojo: al dinero. Ahora que les quitarán la posibilidad de manotear el jugoso presupuesto federal para obras, está que no lo calienta ni el sol.

Pero, además, tiene al estado sumido en la ruina. Su administración, por más millones que reciba, el dinero no le alcanza ni para lo más elemental de cualquier gobierno: pagar las nóminas de sus trabajadores.

Este fin de año se ha convertido en el ciudadano más odiado por los maestros y los trabajadores estatales. Pero también de los michoacanos que sufrimos las consecuencias de sus políticas saqueadoras del presupuesto y de sus pleitos personales con el Peje.

La situación en el estado está demasiado tensa. Este nivel de confrontación no nos puede llevar a nada bueno. Es necesario que Silvano reflexione y cambio. O, si no puede, que se vaya. De otra forma, no, no puede salir nada bueno. Mal inicio de 2019 con este mandatario estatal y con el alcalde reelecto…

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