Escasez de Agua en Zitácuaro, Producto de la Corrupción Municipal

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro.- La carencia de agua que actualmente padece la ciudad no es culpa de los usuarios. La situación en la que nos encontramos es producto de la corrupción de las últimas autoridades municipales que vieron el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (Sapa) una “caja chica” de donde sacaban recursos a su antojo.

Al tiempo que disponían del dinero que los usuarios pagaban por concepto de su tarifa, se olvidaron de invertir en mantenimiento. Los pozos, la maquinaria que poseía el Sapa cuando fue el mejor sistema del estado, obviamente, se deterioró, se desgastó, se acabó, sin que a los munícipes les importara un comino.

Los sucesivos Sapa fueron refugio para amigos, familiares y consentidos. Con raras excepciones, los directores del organismo eran nombrados, no para sacarlo adelante, sino para que se beneficiaran a sí mismos con el dinero de los zitacuarenses.

El mismo Carlos Herrera Tello, hoy alcalde, tuvo su turno en el organismo operador, en la administración de Armando Ruiz Santana, del año 2000 a 2001, cuando el Sapa aún era un sistema fuerte.

De su paso por el sistema no hay registro de ninguna aportación que haya hecho para evitar el declive en el que comenzó a entrar el organismo desde ese tiempo y que ha provocado la crisis que hoy se vive. De hecho, por el contrario, fue objeto de observaciones por manejo de recursos no muy claros.

Las cosas empeoraron posteriormente. Una de las épocas más oscuras en el manejo del Sapa fue cuando llegó a la alcaldía Antonio Ixtláhuac Orihuela, quien puso en el organismo a su tío, José Antonio Garduño Sánchez, al final de la primera década de este nuevo siglo.

Garduño operó el Sapa como si fuera un negocio particular suyo. Hacía y deshacía y metía mano al dinero a su antojo. Esta situación fue denunciada, en su momento, por este medio. Sin embargo, no se hizo nada.

Tan se había apropiado del sistema Garduño, que cuando fue operado del corazón dejó a cargo del “negocio” a su esposa, quien era la que decidía lo que se hacía. Fue en ese momento cuando Ixtláhuac fue detenido, como parte del llamado michoacanazo.

Entonces, el Sapa se “independizó” de la alcaldía. Al menos así se sentía porque el sistema no hacía caso a la entonces presidenta sustituta, Sonia Rivas. Tan graves se pusieron las cosas, que la alcaldesa tuvo que “arrebatarle” el organismo a Garduño. Pero cuando Ixtláhuac regresó al cargo le devolvió su “juguete” a su tío.

Para ese tiempo ya se comenzaba a resentir la falta de agua para las necesidades de la ciudad. Pero no se hizo nada. La inversión en mantenimiento fue prácticamente inexistente. Se hizo obra con recursos federales, pero todas fueron ejecutadas por prestanombres del mismo Garduño. Es decir, él mismo se quedó con los recursos.

Al final de la gestión de Ixtláhuac, José Antonio Garduño intentó una maniobra legal para eternizarse como director del Sapa. Sin embargo, no encontró fundamento en las normas y su intentona falló. No obstante, es evidente que se la creyó que era el dueño del organismo y no quería entregarlo.

Pese a todo, se fue impune con el daño que le hizo al Sapa. Al final de su gestión, el sistema ya no era autosuficiente y comenzó a operar con números rojos. A pesar de ello, del saqueo no paró.

Y, ¿dónde está ahora José Antonio Garduño? Corrió la misma suerte que los políticos corruptos en nuestro país: está mejor, con una constructora que recibe obras del gobierno.

Es uno de los empresarios favoritos del alcalde Carlos Herrera Tello, quien ha recurrido a sus “servicios” para ejecutar obras millonarias. ¿A cambio de qué?, preguntará el lector. ¿Usted qué cree?

A Garduño le siguió Jorge Alejandro Bautista Suárez, quien demostró ser un inútil para el cargo. No sólo no solucionó los problemas que, para entones ya abundaban en el Sapa, sino que los hizo mayores.

Su administración terminó con un grave déficit de recursos. Durante los 3 años en los que cobró sin hacer nada, no se destinó, prácticamente, ni un centavo a mantenimiento. Ya entonces, el sistema era un caos, un tiradero, un lastre.

Bautista también intentó quedarse en el organismo, para la primera administración municipal de Carlos Herrera. Como ya se había anticipado que el ingeniero Alejandro Zúñiga sería el titular, buscó que lo nombraran como subdirector. Pero no sucedió.

El exdirector del Sapas todavía es investigado por desvío de recursos. Principalmente por las aportaciones de los trabajadores para pagar su servicio médico, que nunca llegaron a su destino. Hablamos de unos 4 millones de pesos.

Llegó Zúñiga, quien en el pasado había hecho el milagro de convertir al Sapa en un modelo de eficiencia, a nivel estatal. Fue él el que perforó y equipó casi todos los pozos que existen hasta la fecha.

Zúñiga tenía la tarea de volver al levantar el organismo. Y ha hecho un gran esfuerzo. Pero no ha podido hacer milagros. Principalmente porque el alcalde Herrera no ha apoyado al sistema con recursos.

Contrario a lo que el alcalde pregona, de que le ha invertido una importante cantidad de dinero al Sapa, esto no es cierto. Al contrario, le negó el apoyo necesario para invertir en mantenimiento, lo que hubiera podido evitar la crisis que ahora enfrenta.

Inclusive, las obras más costosas de infraestructura hechas en la primera administración de Carlos, que tuvieron que ver con el agua, no fueron encargadas a Zúñiga, como debió de ser. Fueron administradas y manejadas por Obras Públicas y su entonces titular, José Hugo Raya Pizano, quien las entregó a los constructores consentidos.

Aunque Zúñiga, con los escasos recursos que le quedaban del cobro de las tarifas, realizó urgentes trabajos de mantenimiento, no pudo evitar el colapso del pozo número 2, ubicado en La Joya. Esa es la raíz del problema más grave, porque esa fuente quedó inservible.

Y, debido a que los demás pozos existentes también están sobreexplotados, no hay de donde echar mano para satisfacer la demanda. Hoy, media ciudad está con problemas de suministro, lo que ha generado una rabia social que difícilmente se contendrá, si no hay una solución a corto plazo.

Herrera lo único que ha hecho es tratar de aprovechar la crisis para lucirse con el anuncio de una inversión de 60 millones de pesos para echar a andar un pozo que ya se había perforado en la colonia de El Moral y que operara, ¡hasta finales de febrero!

Este anuncio, hecho con bombo y platillo por el alcalde, no le sirve de nada a los ciudadanos que actualmente tienen problemas para conseguir el vital líquido. Los usuarios quieren el agua ya y exigen que se les descuenten los meses que pasarán sin servicio.

De plano, el alcalde no tiene idea de las necesidades de los ciudadanos. Además, afirma que con esto se solucionará el problema del agua por los próximos 25 años. Esto no es cierto, porque si no hay mantenimiento la crisis volverá a estallar más temprano que tarde.

Es necesaria la transparencia y que el Sapa opere, no con recomendados, familiares o políticos, sino por profesionales de carrera que no cambien de acuerdo con los caprichos de los alcaldes, sino  de acuerdo con su capacidad.

Así que los anuncios alegres de Herrera de que él será el héroe que resolverá el problema del agua son una burla. Él ha sido parte del problema, como miembro de esa casta de alcaldes y directores del Sapa que han saqueado el sistema. Ya basta de manejar la dependencia como un negocio particular…

Por cierto, ante la falta de planes, programas y trabajo real, Herrera, al igual que se patrón político, el gobernador Silvano Aureoles Conejo, se ha refugiado en el problema de la escasez de la gasolina para poder hacer anuncios.

En Zitácuaro, afortunadamente, no hemos vivido una escasez tan grave como en Morelia. Lo que se requiere es que las autoridades locales informen en tiempo real a los ciudadanos en qué gasolineras hay combustible y en cuáles no, a fin de que no den tantas vueltas y puedan surtir sus unidades.

No se vale que contribuya con anuncios dramáticos de que el problema es “terrible” y que presuma que “gestiona” ante el estado y la federación para que la situación se normalice, ¡que no manche!

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