Dentro del Discurso Político

Por M. en D. Joaquín R. Benítez V.

“Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios.”Diego de Saavedra (diplomático y escritor español).

La Política “es la actividad que realiza y ejecuta el hombre con intención de influir en la organización a través del poder. Esa política puede desarrollarse, hacerse, tanto desde abajo (por los gobernados) como desde arriba (por los gobernantes). Toda la acción política está orientada a obtener, conservar, limitar, reducir o ampliar el ámbito del poder. La actividad política en sentido estricto y las relaciones  de poder cuyo proceso dinámico constituye la esencia  de  la política, se originan y desenvuelven en el nivel del poder  político  o poder estatal, como actuación, dirigida a  conquistar  y conservar  los puestos de mando y dirección, en incesante  lucha por el poder político” (Breves apuntes sobre Derecho Político, basado en el programa de estudios de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” Sede Regional Guairá. República del Paraguay).

De lo anterior podemos afirmar que la política contiene los siguientes elementos: a) acciones humanas; b) un proyecto o plan; c) dirigentes y dirigidos; d) normas o pautas obligatorias para los dirigentes y dirigidos. Ahora bien, ¿por qué la política mexicana ha fallado?

Por la sencilla razón de que no se ha cumplido a cabalidad con dos de los elementos señalados: 1). El proyecto o planeación, ya que si bien es cierto que cada seis o tres años se habla de un plan de desarrollo, en los hechos no se ejecuta ni se le da una continuidad, desafortunadamente con cada elección y cambio de gobernantes, cada uno propone su nuevo proyecto, diverso al de su antecesor, con lo cual se rompe la posible  continuidad, llevándonos con ello a un vórtice sin salida; 2). Las normas obligatorias para los dirigentes tampoco se ejecutan, pues debido a su estado de “privilegio” son intocables, cuántos casos de corrupción y enriquecimiento existen en la política nacional  sin castigo alguno.

Mientras la clase gobernante no llegue a consensos, México seguirá siendo un país destinado al fracaso, a la mediocridad y al caos económico-social; es momento de que el otro elemento de la política, los gobernados, comiencen a tener una mayor participación en la toma de decisiones de la política nacional, es momento de la organización a efecto de exigir el reconocimiento de la soberanía, al cual reside esencial y originariamente en el pueblo, mismo que está en el hartazgo de las condiciones de vida a las cuales lo han sometido. Es momento de iniciar la nueva revolución, tal vez no armada, pero sí ideológica.

Como si se tratara de asuntos diametralmente opuestos, el discurso de los políticos y la realidad se han distanciado, pareciera que existen dos universos paralelos, uno el de los discursos, en el que hay un progreso social, económico y político y, el otro, el de la realidad, donde existe un retroceso social, económico y político. Se supone que el mundo discursivo debería de ser en base a lo que acontece en la realidad, pero los gobernantes desean que sea al revés, que la realidad se adapte al discurso, como si se pudiesen ocultar los millones de pobres, la inseguridad, el desempleo y la falta de oportunidades.

En la elocución, el político (a) es un ser fantástico, omnipotente y omnisapiente, un ser carismático, bondadoso y preocupado por los gobernados; en realidad, el político es un ser rapaz, avaricioso, corrupto, mentiroso y enfermizo; quizá un fetichista del poder y sus componendas; un ser apartado, soberbio y, que desde su creencia, se comporta cual vaca sagrada.

En el discurso, el político es un hombre trabajador, atinado y eficaz, siempre se preocupa por el que menos tiene y trata de ahondar en la caridad para el que menos tiene; en la realidad es un ser que dá y reparte lo que no es de él, lo que es del pueblo; se elogia de sus actos en su cargo (haber aprobado docenas de leyes, construir una universidad u hospital, pavimentar una calle, etc.,), empero no hay porqué elogiar a quien cumple con su trabajo, después de todo, el gobernante es un trabajador de pueblo y su salario emana de los impuestos.

Cada gobernantes dice ser el mejor de todos los tiempos o de la historia; la realidad pone de manifiesto que es un tinterillo más, que pasa sin pena ni gloria, pero con los bolsillos repletos de dinero, otro más que ingresa a las arcas del tesoro público, como ladrón en joyería; el político se cree honesto y dice limitarse a su salario, en la realidad tiene cuentas bancarias, inmuebles, muebles, vehículos, etc., los cuales no pudo adquirir con su simple salario, de allí su enriquecimiento inexplicable, o en otras palabras “un político pobre, es un pobre político”.

El discurso del político quiere encasillar a la realidad dentro de sus líneas y párrafos, pero se olvida que un ente tan complejo y cambiante no se puede amoldar a las necesidades de sus pretensiones; es momento que los políticos cambien el discurso y empiecen a enfrentar la realidad que el ciudadano vive a diario.

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jbenitezv_nos@hotmail.com (sugerencias y comentarios).

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