Reflexiones Sobre la Corrupción

Por M. en D. Joaquín R. Benítez V.

“Dejar de luchar, por culpa de la corrupción que hay en tu alrededor, es como cortarte el cuello porque hay barro afuera”. (Nicolae Iorga, dramaturgo, poeta y político rumano).

La corrupción ha sido definida por la Real Academia Española, como “en las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. En el México postrevolucionario, del partido único y de la alternancia, la corrupción se institucionalizó, convirtiéndose en regla no escrita, aceptada por la clase política y la sociedad.

Los ejemplos de corrupción son innumerables, por lo que se ha transformado en práctica común de la partidocracia, así tenemos líderes de partidos políticos acusados de desviar fondos para pagar una red de prostitución (caso Gutiérrez de la Torre); ex gobernadores acusados de enriquecimiento inexplicable (Duarte, Moreira y otros); diputados y presidentes municipales grabados al pedir el “diezmo” en proyectos; dinero público desviado a campañas electorales (Pemexgate); la asignación de obra pública a los amigos de los políticos (Oceanografía o Hidelbrando o Panama Papers); sobornos a políticos mexicanos; fabricación de delitos y responsables (innumerables casos.

Los anteriores acontecimientos cobraron un gran revuelo en la opinión pública, quedando en un simple linchamiento público, el cual con el correr de los días se fue diluyendo en la corta memoria de los mexicanos, o bien, por la aparición de un nuevo acto de corrupción aún mayor; todo se encapsula a los medios, ¿pero la investigación y el castigo dónde quedaron? La partidocracia perdona a sus cachorros, los aferra a su seno, los cuida y protege, institucionalizando la impunidad e injusticia.

Los ciudadanos miramos impávidos y aletargados como la justicia mexicana es selectiva, siempre trae en miras a los incómodos del régimen mientras que a los protegidos del sistema los esquiva al grado de “no verlos ni oírlos”; ¿cuántos funcionarios y servidores públicos deberían estar sujetos a procesos penales y administrativos?, de instaurarse el Estado de Derecho y los procedimientos a todos los corruptos el sistema de justicia colapsaría.

La corrupción es palpable a diario de la vida de los mexicanos, no solo de forma institucional sino también de manera ciudadana, nos quejamos del actuar de los políticos pero damos la dádiva al policía de tránsito para que deje circular el vehículo sin los requisitos que la ley o los reglamentos marcan. Somos causantes de una corrupción, pero también avalamos su impunidad.

El sistema de partidos políticos ha terminado atrayendo o ahogando a aquellas personas que han querido una transformación positiva, el materialismo económico se ha impuesto a los valores y las buenas costumbres; el justo peca en el arca abierta y la historia lo ha demostrado. Duele creer que ese seguirá siendo el modelo político del país, ¿no hay lugar para el cambio verdadero?

La impunidad ha dado paso al cinismo de los políticos, los cuales se ofenden al ser descubiertos y hasta amenazan con echar andar la maquinaria de justicia (súper sic) en contra del denunciante; las redes de protección partidaria tiene largos y variados tentáculos que hacen intocables a la mayoría de los políticos corruptos que han lacerado a México, no se ve el final del túnel porque se ha quedado estancado dentro del mismo.

La corrupción de la partidocracia no está en sus militantes, en aquellos que no han accedido aún al poder y que piensan que los postulados son correctos y viables, está en sus líderes, en los funcionarios y servidores emanados de las filas de un instituto político, los cuales han descubierto el “arca abierta” y no han resistido la tentación de la avaricia y las delicias que el poder otorga.

Alabo a aquellos ciudadanos y medios de comunicación que han tenido las agallas para denunciar los actos de corrupción y pugnar por su total rechazo, la sociedad ha demostrado que cuando se organiza e indigna puede lograr la transformación (como en el tema del haber de retiro de los magistrados), entonces, ya no se puede seguir con la pasividad que caracteriza a muchos mexicanos.

Por lo anterior, no puede haber perdón ni olvido, no se puede hacer un borrón y cuenta nueva, se deben iniciar las investigaciones correspondientes ante las Fiscalías y sancionar a los malos servidores públicos; no se puede reducir la justicia a un tema de consulta popular, después de todo la impunidad afecta igual que la corrupción, así que no se tratan de temas para ganar o no popularidad, sino de actos de justicia.

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jbenitezv_nos@hotmail.com (comentarios y sugerencias)

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