La Hipocresía Política

Ricardo Rojas Rodríguez*Zitácuaro.- La hipocresía política en pleno, en un escenario a reventar de acarreados de todo el distrito, en donde los enemigos políticos se juntaron y se felicitaron mutuamente, como grandes compañeros. Todo era triunfalismo. Así fue el mitin de Chon Orihuela en Zitácuaro.

Parecía como viajar al pasado. Estábamos en una escena sacada de los viejos tiempos priístas, los del “carro completo”. Pero no. El mostrar el músculo, los largos discursos de “los sectores”, el juntar en un escenario a quienes por debajo de la mesa se tiran puntapiés, no ayudará a borrar la división existente. Ni a ganar elecciones.

En Zitácuaro (y quizá en el estado también), en este momento, el principal enemigo del PRI es él mismo. Eso no lo pudo borrar el mitin a reventar, del pasado sábado, en el Club de Leones, escenario que ha quedado chico para este tipo de eventos, por su poca capacidad.

Veamos: Juan Carlos Orihuela Tello, sobrino del abanderado a gobernador, quien exige la candidatura a la presidencia municipal, estuvo presente. No llegó sólo, llevó y ubicó en lugares claves a sus simpatizantes, quienes no dejaron de gritar su nombre a lo largo del mitin.

No dejaban hablar a los oradores, por el ruido que hacían. Y esa era su finalidad: hacerse presentes ante Chon Orihuela, para “demostrarle” que tiene aceptación y debe ser el candidato.

Pero está claro que el tío no quiere darle la candidatura a su sobrino. A Juan Carlos no se le nombró al principio, como asistente, como sí se hizo con los candidatos de “unidad” que ya están “amarrados” en el distrito. Sólo después de tanto grito, se mencionó que estaba presente el diputado Orihuela.

Chon dejó claro que si Juan Carlos quiere ser candidato, tendrá que participar en la elección interna del próximo 13 de febrero, a la que no deseaba asistir, porque sabe que no tiene mayoría de delegados; es decir, es seguro que pierda.

Además, el propio candidato a gobernador, a pregunta expresa, contestó que no le preocupaba que su sobrino amenazara con renunciar al PRI si no obtenía la nominación. “Es su problema”, apuntó. El reto está en el aire.

También asistió el alcalde Juan Carlos Campos Ponce, quien se plantó en la segunda fila, de donde nadie lo movió. Se esperaba que no asistiera. ¿Por qué? Porque ese mismo día se difundió una grabación del presidente en la que, entre otras cosas, dijo: “Yo me chingo a los Orihuela, sin pedo”.

Por eso, cuando nombraron al alcalde, los asistentes lo abuchearon. Pero Chon no, le agradeció su presencia. Cuando se cuestionó al candidato a gobernador sobre su opinión sobre la grabación, se fue por la tangente, dijo que la desconocía.

Los próximos días, con su grupo de amigos, el alcalde no sólo reconoció la grabación, sino que ratificó su contenido (“Me la pelan”, dijo en corto). Además, en la grabación queda claro que su candidato a la alcaldía es Leopoldo Martínez, y que su finalidad es imponerlo, tal y como lo afirman los seguidores de Juan Carlos Orihuela.

Campos Ponce dejó en claro que apoyaba como candidato a gobernador a Víctor Silva Tejeda, político con el que desde antes tejió una alianza. Inclusive, presumía que si el todavía Delegado de la Secretaría de Desarrollo Social ganaba las elecciones, él sería secretario de Gobierno.

No se le hizo, pero eso no le impide hacer contra los Orihuela, con todos los recursos municipales que tiene a su alcance, sin que nadie le ponga un freno. Grandes enemigos tiene el candidato a gobernador en su propia tierra. ¿Cómo le ira en otras regiones del estado?

Sorpresa Panista

Cuando aparentemente se pensaba que la empresaria Rosa María Salinas Téllez sería electa como candidata de PAN a la presidencia municipal, el resultado de la elección interna dio un vuelco a esta idea.

Resulta que los panistas votaron por Guillermo Alberto Hope Gutiérrez. ¿Qué implicaciones tiene esto? Es un tropiezo al principal grupo del PAN en Zitácuaro, que prácticamente había dominado el escenario de ese partido y tomado las decisiones más importante.

Es una derrota también de la propia dirigencia del PAN, encabezada por Jorge Armando Rubio, quien desde el año pasado apoyó a la empresaria, quien era invitada especial en eventos panistas; precisamente, la idea era que se le identificara y perfilarla como candidata a la alcaldía.

Se pensaba que su imagen de empresaria exitosa, más que política tradicional, era un atractivo para los electores y que con ella la votación de este partido –que se ha mantenido estancada, si no es que ha bajado, en las últimas elecciones- despegaría.

La idea era buena. Y sí, ya había ciudadanos que la identificaban y a quienes podrían haber votado por ella. Pero no sucedió. ¿Qué pasó? La derrota de Salinas comenzó cuando llego el momento de integrar la planilla; es decir, elegir a quienes irían como candidato a síndico y regidores.

El pleito mayor era por las posiciones de regidores uno y dos, que prácticamente asegurarían a quienes las ocuparan que entrarían a la próxima administración municipal, independientemente de que su candidata empresaria perdiera.

Ahí se olvidaron de la convicción y de “bien común”. La idea era arrebatar las posiciones y asegurarse un cargo excelentemente pagado, por 3 años, si necesidad de hacer nada.

Cuando se conformó la planilla, quienes quedaron en las posiciones inferiores se inconformaron y se dividieron. Fue ahí que surgió la idea de lanzar a Hope, panista de nacimiento, como precandidato. Mirna Merlos, quien ha vivido del partido, sin que le haya retribuido casi nada a cambio, se aseguró la posición uno.

El PAN, en Zitácuaro, es un partido de familias, de intrigas y de chismes. Así se ganan o se pierden las elecciones internas. Y eso fue lo que pasó. Al final, los militantes optaron por rechazar al grupo de ingeniero Alejandro Zúñiga y votar por un panista tradicional.

Aunque había la posibilidad de impugnar la elección, todo parece indicar que esto no sucederá, que se ha decidido dejar las cosas como están. Alberto Hope será ratificado este miércoles y le tocará intentar recomponer a partido, que ha quedado más dividido que nunca. Luego está el reto de convertirse en una opción competitiva para el electorado…

La Feria del Alcalde

Sucedió así: Cuando se acercaba el momento de organizar la feria tradicional del pueblo, el alcalde comenzó a realizar los preparativos por su cuenta, sin decirle nada a nadie.

Cuando le cuestionaron, su explicación fue simple: el Ayuntamiento no tenía dinero para organizar la feria, pero él sí. Así que decidió que él podría el recurso de su bolsa y comenzó a realizar la contratación de los grupos musicales y los principales espectáculos; es decir, los que atraen más gente y generan ganancias.

¿Esta historia le parece familiar? Claro, muchísimo, pero no ocurrió en Zitácuaro, sino en un pueblo llamado Tlalnepantla, en Morelos. Ahí la costumbre era que la feria la organizaban los representantes de los barrios y el Ayuntamiento. Juntos costeaban el evento y al final se repartían las ganancias o las pérdidas.

Pero este año, el alcalde erigido en dueño del pueblo, decidió cambiar las costumbres, nada más porque así le convenía más a sus intereses. Eso fue lo mismo que sucedió en Zitácuaro, donde la fiesta tradicional fue “secuestrada” por Juan Carlos Campos Ponce.

Hay diferencias, claro. En Tlalnepantla los ciudadanos no se quedaron con los brazos cruzados. Fueron a encargar al alcalde y exigirle que les regresara la fiesta. El presidente se ofendió y agredió a alguno de los manifestantes, quizá porque le habló golpeado.

Fue una mala decisión: la gente no se quedó con los brazos cruzados y se le fue encima al alcalde, a quien retuvieron y tomaron la presidencia, hasta que haya una respuesta positiva.

Esa es la diferencia. Aquí el alcalde ya se apropió de la fiesta, de los eventos principales, como el palenque, con el apoyo del dócil cabildo. Y los ciudadanos, a quienes nos movió la feria de su fecha tradicional, no decimos nada. Lo dejamos que haga lo que quiera.

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