Amlo y la Reelección

Por M. en D. Joaquín R. Benítez V.

“El más elevado tipo de hombre es el que obra antes de hablar, y practica lo que profesa”.

Confucio (pensador chino).

El día martes 19 de marzo de 2019, desde Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador, presentó y firmó ante los medios de comunicación, una carta compromiso con la cual garantiza (súper sic) que no se reelegirá, y que en 2024 dejará el poder para irse a vivir a su rancho; lo anterior, ante las críticas de la oposición en el sentido de que, la aprobación de la revocación de mandato es el primer escalón para la reelección.

La carta compromiso firmada por López Obrador, desde el punto de vista jurídico es una declaración unilateral de la voluntad, la cual queda al libre arbitrio cumplirse o no, ello en virtud de que, no existen ninguna manera legal de obligar a que cumpla con el compromiso asumido; algo similar ocurrió con los compromisos firmados por Enrique Peña Nieto, ante un Notario Público.

Al no existir un acuerdo de dos o más voluntades, plasmadas por escrito y firmadas, no puede existir la manera de forzar legalmente a su cumplimiento; al igual que las promesas de campaña de bajar la gasolina (que no se cumplió y ahora se dice que se prometió no aumentarla por encima de la inflación), el presidente de la república, llegado el momento, podrá manipular el lenguaje para no admitir su incumplimiento.

Política y legalmente, nada puede evitar que en cinco años AMLO quiera reelegirse bajo el argumento de que, de no tener continuidad con sus acciones de gobierno, se perderá lo ganado y regresará la “mafia del poder”, de hecho, durante su conferencia de prensa, empezó a justificar, por adelantado, lo que aún nadie le ha pedido, dice el viejo adagio que “disculpas no pedidas, culpa admitida”.

La distorsión del lenguaje empleada por el gobierno federal, es digna de admiración de cualquier Sofista griego ( persona que utiliza argumentos que aparentemente son válidos pero no lo son), ya que sigue empleando esa eterna lucha entre los buenos y malos, conservadores y liberales, fifis y chairos, ricos y pobres, etc., no hay punto medio, o eres partidario de la cuarta transformación o eres su enemigo.

Lo mismo sucede cuando menciona que es la voluntad del pueblo decidir la forma de gobierno que desee, y por ello “el pueblo quita o pone”, pero el presidente de la republica confunde la representación con la república, esta última puede transitar a la monarquía, mientras que representación es la manera indirecta por la cual se ejerce la república; ¿no ha sido el pueblo quien mediante elecciones a puesto o no a gobernantes?

A cien días de la administración obradorista sigue la división y el encono (rencor) entre la población; efectivamente ya terminaron las campañas (como lo dice de dientes para afuera AMLO) y el momento de reconstruir al país es lo que se debería estar haciendo; en su lugar siguen las descalificaciones a los “fifis”, a los “conservadores”, a las “mafias del poder”, ello impulsadas y auspiciadas desde Palacio Nacional.

Si López Obrador en verdad quiere mostrarse como todo un demócrata y maderista, en lugar de una carta compromiso, porque no manda una iniciativa de ley para que en la Carta Magna se pongan más candados a la reelección del presidente de la república y gobernadores, después de todo contaría con la mayorías necesarias que le garanticen los votos para la reforma constitucional, o bien, regresar a rango constitucional la máxima del “sufragio efectivo no reelección”.

Ojalá que el presidente de la república no sea el lobo disfrazado de oveja, al país le costó mucha sangre y casi su ruina, para lograr una democracia, la cual es imperfecta, con errores y flaquezas, pero garantizaba el arribo al poder de las diversas expresiones políticas y no a un solo gobernante como en el porfiriato; el actual presidente de la república es producto de esa democracia, lo cual no hubiese acontecido de vivir en una dictadura.

Jurídicamente los compromisos firmados ante notario y las carta compromiso firmadas ante los medios, sólo sirven para la nota del día, para impregnar el ambiente político con un tufo pasajero de democracia, al final las promesas se pueden romper como se hicieron en el pasado, ello con gran facilidad y sin que existiera repercusión alguna, todo se reduce a una mentira.

Se dice que se debe desconfiar de aquellos que más adulan, que más hablan que más lisonjean, pues es grande el esfuerzo por enmascarar sus verdaderas intensiones; si fue la democracia mexicana la que consiguió la llegada de la izquierda (súper sic) al poder, que sea esa misma democracia la que permita que en 2024 el titular del ejecutivo federal pueda ser renovado.

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jbenitezv_nos@hotmail.com (comentarios y sugerencias)

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