Insistimos: No a la Presea Para Sigala; Sería Honesto que Declinara

Por Ricardo Rojas

Zitácuaro. – La imposición se ha consumado. Contra todo, en franca violación por lo marcado por convocatoria que ellos mismos aprobaron, los regidores le regalarán la presea Suprema Junta Nacional Americana a Pascual Sigala Páez. Su única virtud es ser el compadre del gobernador y estar enfermo, por encima de los zitacuarenses.

Esta decisión, como dijo un amigo (y es el sentir de muchos zitacuarenses, inclusive silvanistas que no se atreven a hablar porque se quedarán su hueso) es, para los ciudadanos, “una patada en los huevos”.

Una presea por lástima, a alguien que no hizo nada que no fuera aprovechar cada cargo, cada puesto público para beneficiarse económicamente, de acuerdo a acusaciones de corrupción que lo señalan como uno de los más voraces (aunque no el único) integrantes del grupo de Silvano Aureoles Conejo.

Esta decisión autoritaria desvirtúa totalmente el sentido de la presea, que es reconocer a un ciudadano zitacuarense que haya puesto en alto el nombre del municipio. Pero nunca se habló de que la corrupción fuera una virtud, digna de premiarse.

Los regidores silvanistas se burlaron de los zitacuarenses. Con ello, nuevamente muestran su desprecio por el municipio que dicen amar. Han demostrado que lo único qu les importa es utilizar el poder que se les ha conferido para beneficiarse a sí mismos, a costa de los ciudadanos. Mal. Mal.

Debemos rechazar esta entrega, viciada de origen y que es una muestra más del autoritarismo y la sumisión de los regidores del PRD, incluido el priista Aldo Gabriel Argueta Martínez, quien sólo ha servido de comparsa en el cabildo.

Todavía en la sesión en la que los regidores se erigieron como “jurado calificador” aprovecharon para burlarse de la ciudadanía, cuando los ediles de Morena y PT debatían la ilegalidad de premiar a quien no cumple con los requisitos de la convocatoria.

La respuesta fue que por el hecho de que los medios de comunicación se han expresado en contra de Pascual Sigala Páez no quiere decir que no se la puedan dar. Como si las críticas y señalamientos les valieron. Al contrario, insistieron en violar los reglamentos.

El problema es que lo que se ha plasmado en los medios locales no es sólo una ocurrencia, sino el sentir de un amplio sector de la sociedad. De hecho, se ha manifestado, especialmente, a través de las redes sociales.

Ninguno de los muchos comentarios que se han publicado en estos días avala el que se devalúe el máximo galardón zitacuarense para que se le dé como un premio de consolación a Pascual Sigala, como lástima por su grave enfermedad. ¿Nosotros qué culpa tenemos de que esté en esa situación?

¿Por qué se le tiene que consolar con el que debería de ser el mayor símbolo de orgullo que sólo debe de entregarse a los zitacuarenses excepcionales, aquellos que han entregado su vida al servicio a los demás, a una causa o una acción benéfica?

Todos sabemos que Pascual Sigala no vive en Zitácuaro. El hecho de que su credencial de elector esté domiciliada en esta ciudad no implica que resida aquí. Hace años se fue con su familia a radicar a Morelia. De hecho, su ahora exesposa y sus hijas radican allá.

El mismo ya no ha regresado más que a hacer reuniones políticas, como “líder” que es del PRD estatal, partido que se pulverizó en las pasadas elecciones y que se ha convertido en un instrumento de Silvano Aureoles para premiar o castigar a sus seguidores.

Sigala NO HA HECHO NADA por Zitácuaro. El premiarlo por las reforestaciones que se han hecho con recursos públicos, generalmente federales, de los ya extintos programas como Proárbol, es una situación que raya en lo absurdo.

Pascual Sigala ha vivido casi toda su vida colgado a la ubre del presupuesto público. De ahí obtuvo su fortuna, cuando llegó a Zitácuaro, recién egresado de la Universidad de Chapingo, con una mano adelante y otra atrás.

Cualquier cosa que ha hecho a favor del bosque ha sido como funcionario público, con un grueso salario. Ha sido, eso sí, hábil para hacer caravana con sombrero ajeno. Ahora resulta que son su mérito los programas federales de reforestación.

Inclusive, el programa que realiza en esta temporada, llamado Un Árbol por la Vida, se ha realizado en varias partes del estado con recursos públicos. Sigala no ha aportado nada, más que adjudicarse el mérito de los ciudadanos que han participado, no por él, sino por hacer algo por el medio ambiente.

Y, por si fuera poco, ese programa lo ha hecho desde el cargo que generosamente le dio Silvano Aureoles como coordinador de Asesores. Se trata de un cargo que sólo sirve para darle un buen salario, sin prácticamente ninguna obligación, a los amigos del gobernador.

Es el caso de Pascual Sigala, quien por la gravedad de su enfermedad se retiró a principios de año de la Secretaría de Gobierno, pero no soportó estar alejado de los reflectores (y fuera del presupuesto) y volvió.

Además, su supusiéramos -sin conceder- que él reforestó 4 millones de árboles en Zitácuaro, ¿por qué el municipio no ha recuperado la cobertura forestal que ha perdido en los últimos años, producto de la tala? ¿Dónde quedaron esas plantas? ¿Dónde está su labor ecológica?

Debe Declinar

Pascual Sigala es una persona gravemente enferma. Es lamentable y no se le desea ningún mal. Pero eso no es justificación para que se tuerzan reglamentos y se pase por encima de instituciones para darle un premio de consolación.

La presea ha perdido lo poco de respetable que le quedaba, después de convertirse en un juguete de los alcaldes en turno. Ha habido imposiciones, pero ninguna como esta. Ahora, resulta que es un premio que se otorga por lástima.

Hubo buenos candidatos este año. Entre ellos, Armando Soto Huerta, un elegante anciano que ha dedicado su vida al estudio de los grupos étnicos, a entenderlos, a rescatar su cultura y a difundir su legado, a través de numerosos libros. Su labor sí que ha puesto en alto el nombre de los zitacuarenses.

La presea que se le regala al pobrecito-del-enfermito-Sigala debería de ser para él. Soto Huerta será como el triunfador sin corona, porque fue despojado por la prepotencia de un cabildo que quiso dejar en claro que sólo sus chicharrones truenan.

El mismo Sigala es tan inteligente para saber que se le otorga la presea, no por méritos, sino por lástima. Porque su grupo político domina el cabildo. En ese sentido, sabe que el premio no tiene valor.

Los zitacuarenses no lo quieren. Y se lo demostraron cuando fue candidato a alcalde en el municipio: los electores lo repudiaron y se lo hicieron saber a través de los votos. La derrota fue tan dolorosa para él que no volvió a postularse como candidato a ningún puesto de elección popular. De hecho, ha sido diputado, pero por regalo de su compadre Silvano.

Si tiene un poco de honestidad y vergüenza, Pascual Sigala debería de renunciar a la presea. Ese gesto lo congraciaría un poco con los zitacuarenses. De otra forma, se convertirá en galardonado, pero con el desprecio de la población, molesta por el acto de prepotencia del Ayuntamiento.

Sigala no debería de asistir a la premiación y dejar que la presea sea entregada a alguien que de verdad la merezca, que haya entregado su vida al servicio y al beneficio de Zitácuaro. Y ese no es su caso.

O, acaso se dejará vencer por su ego (que lo tiene, y enorme) y prestarse a la mascarada en que se ha convertido en el acto de la Suprema Junta, del que hace años que los ciudadanos están ausentes.

Sí, el evento es sólo un pretexto para que se reúna la fauna política en el poder y se exhiban ante los reflectores. De hecho, ellos ocupan los mejores lugares y la mayor parte del aforo del teatro Juárez.

En resumen, Sigala no merece la presea. El hecho de que se la otorgaran fue un acto de abuso de autoridad de su grupo político. Los ciudadanos lo repudiamos. Es una ofensa que más temprano que tarde cobraremos caro…

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