Michoacán, sin Pies ni Cabeza

Por M. en D. Joaquín R. Benítez V.

“Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento.” Nicolás Maquiavelo (político y pensador italiano).

Aunque los gobiernos federal y estatal lo nieguen, Michoacán sigue convertido, desde hace mucho tiempo, en un Estado fallido, otro más en la república mexicana; como siempre, unos de los casos emblemáticos de la corrupción, violencia e inseguridad que ha reinado en las últimas décadas en el país; ello como consecuencia de su abandono social y económico.

Michoacán es el claro ejemplo de lo que pasa a lo largo y ancho del territorio nacional; ¿cómo salir adelante cuando se ahuyenta la generación de empleos?, ¿Quién invertirá en un Estado colapsado, en el cual no hay Estado de Derecho?, ¿Qué empresa se arriesgará a instalarse en la entidad, si primero tiene que lidiar con la corrupción gubernamental y después con la inseguridad?

Los movimientos de autodefensas surgidos en años pasados el poniente y sur del Estado, son el síntoma de la ausencia de gobernabilidad municipal, estatal y federal, la cual se ha prolongado por más de quince años; la ley del más fuerte es la que ha imperado en la Entidad, ello ante la complacencia y complicidad de ciertas autoridades; dejaron crecer la bola de nieve hasta que se convirtió en una avalancha.

Hoy, el gobierno estatal habla de recuperar Michoacán, pero hace 6 y 12 años, se propuso lo mismo, sin que hubiese un resultado ¿por qué habría ser diferente? La calamidad es un presagio para los michoacanos, acostumbrados a la pobreza, el hambre, la falta de oportunidades, el desempleo, la delincuencia y el olvido. Con un gobernador más preocupado en su imagen que en atender los problemas.

Llegan miembros de la Guardia Nacional, patrullan las calles y creen que con su sola presencia se resolverán mágicamente los problemas; cuando los estrategas de la cuarta transformación y del gobierno estatal, han olvidado que el fondo del conflicto sigue intocado, cincuenta años de desprecio no sanan con algunas semanas con discursos triunfalistas y condenas institucionales.

El desmembramiento social de la entidad no se resuelve con buenas intenciones, hace falta más: buena educación, servicios de salud de calidad, comida en los hogares, trabajos bien remunerados, seguridad, dinero en los bolsillos de las familias, diversiones y esparcimientos sanos. Esos son los elementos que se deben cumplir para la “felicidad” de los michoacanos

Mientras no sea así, Michoacán seguirá siendo el caldo de cultivo para enrolar las filas de la delincuencia, de los alzados, de los migrantes, de los inconformes, de los mediocres, de los conformistas, de los que añoran la política estatal y municipal como una forma enriquecimiento. La entidad está colapsada sin que nadie quiera aceptarlo, pues sería el fracaso político de todos los niveles de gobierno estatal.

En la realidad social, Michoacán tiene años siendo un Estado fallido, manteniéndose con castillos de aire y algodón; con migajas e ilusiones; con la promesa de que cada gobierno municipal, estatal o federal ahora sí resolverá los problemas; dulce ironía de la vida que ha llevado a la entidad ha ser una de las peores evaluadas, pese a que se cuenta con todo para ser una de las mejores.

Históricamente los michoacanos han sido gente de valía, entereza y fortaleza. Las raíces purépechas aún corren por las venas de cada michoacano, de allí el Michoacán bronco que siempre ha levantado la voz, la historia es el mejor testigo de ello, por lo cual la lucha social debe de ser continua, sin esperar nada de la administración obradorista o silvanista, ni de los diputados o presidentes municipales.

La violencia no se combate con violencia, pero en ocasiones parece que es la única vía, y es precisamente, cuando el Estado mexicano tiene que reaccionar, dejar su letargo y actuar de una manera pronta, firme y responsable.

Mientras las autoridades federales y el Gobernador Silvano Aureoles se llenan la boca diciendo que el Estado no ha sido suplantado, la impresión de miles de michoacanos es muy diferente, desde hace más de una década las autoridades municipales, estatales y federales dejaron de mandar en Michoacán, ese es un secreto a voces; una realidad que ha lacerado a los michoacanos y lo seguirá haciendo mientras no reconozcan las verdaderas dimensiones de  la problemática, así como su solución.

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jbení[email protected] (comentarios y sugerencias)

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