Sistema Anticorrupción, Elefante Reumático

Por el M. en D. Joaquín R. Benítez V.

“Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. Abraham Lincoln (presidente estadounidense).

“Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno sólo, la verdad sigue siendo la verdad”, pregonaba Mahatma Gandhi, hoy, sus palabras gozan de una validez innegable, pues la actual corrupción que impera en el país se ha convertido en una forma de vida.

En ese sentido, dentro de la medicina se utiliza el término metástasis para designar la diseminación (propagación) de una enfermedad por todo el organismo, por ejemplo, el cáncer; de manera análoga la corrupción se ha extendido por todo los organismos de la administración pública federal, estatales y municipales, pero también a permeado en la sociedad mexicana; ejemplos sobran y cada día salen más a la luz pública.

Las detenciones de Rosario Robles, Juan Collado y la orden de aprehensión de Emilio Lozoya, ponen el dedo en la llaga respecto al sistema de procuración y administración de justicia del país, sobre todo en aquellas en las cuales se buscan chivos expiatorios para dejar intocadas a las cabezas de pasadas administraciones, no se pueden explicar los inmensurables enriquecimientos sin la complacencia  de las más altas esferas del poder.

 México vuelve a ser ridiculizado en materia de política exterior, prestigiosos rotativos como el Times, el Post o El País daban cuenta de los últimos arrestos de los políticos mexicanos o bien de la liberación de presuntos delincuentes como en el caso de Ovidio Guzmán; la justicia mexicana es vista por la comunidad internacional como una mera caricatura  mal hecha y maltrecha, la cual está supeditada a los intereses políticos y económicos.

            Pareciera que la presente administración sigue inmersa en el “pacto de impunidad no escrito” de las anteriores administraciones en el poder, harán la simulación de atender la problemática, pero en el fondo tratarán de hacerse de la “vista gorda”, para que a su vez, cuando concluyan sus períodos, los siguientes en el relevo de la estafeta, no realicen las investigaciones de las fallas de la perniciosa clase política.

            Mientras que cada caso de corrupción emerge, la credibilidad del gobierno mexicano se hunde, pues no ha podido terminar de implementar el Sistema Nacional Anticorrupción, por lo que el mensaje es claro: algunos mexicanos serán enjuiciados por corrupción, pero los amigos del poder seguirán intocados, a ellos se les permitirá disfrutar de las enormes fortunas producto de las corrupción.          

            ¿De qué sirve un Sistema Nacional Anticorrupción si se aplicará de manera selectiva?, ¿por qué se exoneran casos de corrupción tan graves como los de la Casa Blanca de Peña o el de Grupo Higa? Simplemente el sistema político ha entendido que la solución radica en dar un poco de esperanza al pueblo para que siga creyendo y así mantenerlo aletargado, pensando en que “ya merito cambiarán las cosas”.

            La esperanza es un arma de dos filos, pues si se da en demasía puede ser nociva para las cúpulas del poder, pues el ciudadano exigirá con mayor ahínco el respeto a sus derechos, a su determinación, a tener un empleo digno, un salario decoroso, una vida mejor; empero, si no se dá, es cuando se empiezan a gestar los grandes movimientos sociales, en los cuales se gana en un aspecto pero se pierde en otros.

            Es innegable que la corrupción institucional, arraigada por décadas, no puede terminarse en casi un año de la administración federal, pero tampoco se avizoran las políticas y decisiones que hagan penar que en el futuro habrá un cambio en esta problemática, por el contrario, se atacan las acciones del pasado sin reparar que las actuales administraciones morenistas no están libre de pecado.

            Se debe combatir la corrupción del pasado como la presente, el mejor ejemplo son las adjudicaciones directas que realiza el gobierno federal, violando la ley y con argumentos simplistas, también comete actos de corrupción al asignar proveedores sin que se concursen las mejores ofertas que pueden existir en el país o a nivel internacional ¿qué intereses económicos se esconden detrás de estos procedimientos adquisitivos? La opacidad da mucho a la imaginación.  

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