Hacia la Extinción del PRD

Por D. en D. Joaquín R. Benítez V.

“La política es el arte de vender simultáneamente el gozo de la estabilidad y la paranoia ante el caos”. Carlos Monsiváis (escritor y poeta mexicano).

Cuando Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Heberto Castillo, Gilberto Rincón Gallardo, y otros políticos y pensadores de izquierda, fundaron el Partido de la Revolución Democrática [PRD] en 1989, lo hicieron con una visión de conformar un verdadero contrapeso ideológico y político del partido oficial: el PRI; imaginaron un partido que transformara la forma de hacer política, un respeto al sufragio universal y una nueva economía social.

Muchos años y sangre costó consolidar al PRD como un partido de izquierda, los espacios de poder que obtuvo, fueron ganados y defendidos con carne, sudor y sangre, y muchos otros fueron perdidos mediante el fraude electoral y en ocasiones con el hedor de la muerte; ninguno de sus primeros triunfos fue concertado, como lo hizo el PAN, sino ganado a pulso, pues cientos de ciudadanos se sumaron al nuevo proyecto, a la esperanza, al cambio y a la idea de quitar del poder al PRI.

Una vez que los perredistas ganaron diversos espacios en los gobiernos estatales o municipales, fueron seducidos por el poder y el dinero público; pronto descubrieron los enormes beneficios del sistema político, vieron como los raudales de dinero podía llegar fácilmente a sus bolsillos; con el devenir del tiempo ya eran parte de la partidocracia y recibían su buena tajada de pastel económico.

Así, poco a poco el PRD perdió su naturaleza de izquierda y en las plazas en las que fueron gobierno, se convirtió en el espejo de sus hermanos mayores priistas, aprendieron y acrecentaron actos como la corrupción, saqueo de recursos públicos, luchas intestinas, riquezas inexplicables de sus miembros, promesas incumplidas, autoritarismo, prebendas, canonjías, mentiras en sus promesas de campaña y el olvido del pueblo.

Del PRD de 1989 sólo queda el nombre de “partido de izquierda” pues sus actos demuestran que su único objetivo es seguir en el barco de la partidocracia; el tiro de gracia, se lo dio al firmar el “pacto por México”, en el cual los dirigentes del sol azteca [súper sic] avalaron la entrega de los sistemas educativo, laboral, energético, financiero y hacendario, a los grandes intereses privados nacionales y extranjeros que han saqueado al país.

Cuando el PRD concertó con el gobierno federal, únicamente vio por sus intereses partidarios: seguir recibiendo las carretillas de dinero, seguir teniendo ciertos cotos de poder y participar en el reparto de las mieles del poder; al final canceló el poco contrapeso que representaba en el sistema político mexicano, convirtiéndose en una bella dama de burdel.

El perredismo dejó de ser una tercera vía en las urnas, con el contrario, ahora se mezcla trémulamente con el PRI y PAN, en una visión y dirección del país: la pobreza, hambre, desempleo, delincuencia exorbitante, crisis, falta de oportunidades, entre otras; no existe un plan alternativo que lleve a México a salir del obscurantismo en el cual lo ha sumido la partidocracia.

Las pruebas del drástico cambio del PRD se hayan contenidas en las páginas de la historia, en cada gobierno municipal o estatal encabezado por este partido o con la conducta asumida por sus militantes en el Senado o en las Cámaras de Diputados; los cuales han favorecido, negociado y transado con el futuro de los mexicanos; hoy aplauden, festejan y se abrazan por las ganancias obtenidas, pero mañana serán juzgados como lo que son (por ejemplo, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles).

Muchos de los fundadores del PRD nacional, estatales y municipales, optaron por abandonar las filas del partido ante su depravación; dejando las puertas abiertas a cientos de arribistas que vieron en el instituto político la forma de pertenecer a la élite económica del país y así fue; los claros ejemplos son sus corrientes como la de Foro Nuevo Sol o la de los Chuchos.

Ahora los seudo izquierdistas se han apoderado del PRD prostituyéndolo al mejor postor, sin importar que el cliente sea de derecha, centro o extranjero, mientras paguen el precio; el PRD se inclinará o no a favor de la propuesta, aunque al aceptarla se lleven entre los pies a millones de mexicanos, quienes terminando pagando las consecuencias de la clase política.

La dizque izquierda es un concepto desdibujado, quizá anacrónico por no decir agónico, sólo sirve para fundamentar una oposición de membrete, sin valor ni fuerza alguna para hacer frente a los mentes perversas que siguen vendiendo a la nación; el fracaso del cambio es la herencia que el PRD deja a los mexicanos.

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