El Retorno de los Brujos

Por D. en D. Joaquín R. Benítez V.

“En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza”. Confucio.

Durante el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia, las figuras del Führer y del Duce eran omnipotentes (todo lo puede) y omniscientes (todo lo sabe); sus palabras eran la verdad absoluta sin necesidad de demostrar nada; pero más increíble resultó el hecho de que alemanes e italianos creían a ciegas lo dicho por sus líderes; las declaraciones de guerra y las mentiras del sistema fueron vitoreadas como si fuesen sagradas.

Pareciera que la humanidad está retornando a los años 30’s o 40’s, pues han surgido líderes que van en contra de toda lógica y sensatez, el ejemplo más claro lo es Donald Trump, quien llegó y a mantenido su presidencia a base de mentiras, pero más sorprendente resulta la actitud de la mayoría de los estadounidenses, quienes celebran, gritan y aplauden los excesos e injusticias de su líder.

Basta que Trump, vía twitter, descalifique a un país o a su líder, sin ninguna prueba, para que el pueblo estadounidense así lo crea; su xenofobia, racismo y misoginia son alimentados a diario por cada ciudadano que se ríe y lo mima como a un niño malcriado; muchos se han cegado ante la gravedad de un personaje con ese poder (un día quiere atacar Corea del Norte y al otro a Irán).

Todas las democracias del mundo deben tener cuidado de este tipo de líderes y México no es la excepción, es innegable que se ocupa un cambio social, político y legal; que la justicia es una bella aspiración a la cual pocos pueden acceder; que la seguridad pública dejó de existir desde hace varios años; que los sistemas de salud y educativo está en declive (siendo insuficiente la inyección de recursos económicos sin un plan adecuado).

El presidente Andrés Manuel López Obrador, en ocasiones se comporta como su homólogo estadounidense, un día habla en contra de la prensa, a la cual cataloga de “fifi” y “vendida” pero sin demostrar que así lo sea, al otro, descalifica a quienes se oponen a sus designios o demerita a las instituciones de este convulsionado Estado; al final sólo se impone una sola voluntad, un solo deseo, una sola palabra y una sola verdad.

Desde que AMLO tomó posesión, comenzó su proceso natural de desgaste político, mediático y social, su urgencia por querer cumplir, más o menos, sus promesas de campaña, se están convirtiendo en su talón de Aquiles; sus aliados políticos y muchos de sus votantes, de manera meridiana están comenzando a visualizar el galimatías que ya es la administración obradorista.

Se dijo que con la voluntad de los Diputados podría bajarse el precio de los combustibles, ahora que AMLO tiene la mayoría en el Congreso ¿por qué no se ha hecho?, quizá la realidad financiera del país le ha mostrado al presidente electo que “no es lo mismo ser borracho que cantinero”, y que el impuesto cobrado por las gasolinas es necesario para la subsistencia de su propio gobierno.

¿Y qué decir de la disyuntiva del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, del cual se ha hecho todo un show mediático cuya cortina de humo aún no se visualiza con claridad?, ¿cuáles son los intereses políticos y económicos de poner este tema a discusión?, ¿en verdad preocupa a los morenistas el medio ambiente y el despilfarro del erario público? Del pasado se ha aprendido que “hay que temerle a los griegos aunque traigan regalos”.

Desafortunadamente, se visualiza que los próximos cuatro años, la ley se seguirá aplicando de manera selectiva (como ha sido hasta la fecha), basta por poner como ejemplo, el punto de acuerdo de la Cámara de Diputados por el cual se exhortaba al Ejecutivo Federal a suspender la evaluación de los docentes o la modificación al Reglamento interior de la Cámara de Diputados, para perpetuar a MORENA en la presidencia, entre otros sonados casos.

Así como en estas páginas se criticó agria y ácidamente a los gobiernos del PRI, PAN, PRD, etc., también se hace con MORENA, y no con el ánimo de que la administración obradorista fracase, sino para dar continuidad al acto democrático de disentir, de señalar los errores desde una visión apartidista, objetiva, aprendiendo de los errores del pasado y sin dejarse sesgar por la promesa de un México mejor.

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