Es Papalotzin un Sueño Convertido en Mariposa Monarca

(Primera de dos Partes)

Zitácuaro.- En una cañada bordeada por un risco, por donde fluye el río Zitácuaro, a más de 4 mil kilómetros de las frías llanuras de Estados Unidos y Canadá, nace, crece y se reproduce una colonia de mariposas monarca. Su color contrasta con el verde y café de su entorno. Parece un oasis anaranjado que hace honor a su nombre: Papalotzin.

Ese era, es, el sueño de Moisés Acosta Acosta, hecho realidad poco a poco, con mucho trabajo, esfuerzo. Pero, sobre todo, insistir e insistir a fin de poder darle vida aquí a las mariposas que en el norte mueren por los pesticidas con las que los campesinos riegan sus grandes campos de cultivo.

Moisés Acosta no es biólogo, ni gran conocedor en zoología ni en botánica. Es especialista en turismo, una profesión que estudió en una especie de internado en Mulegé, Baja California Sur.

De cómo un joven zitacuarense fue a parar a una institución educativa ubicada entre el desierto y el Mar de Cortés, de la aislada península de Baja California, dice que fue cosa algo fortuito: conoció a un amigo del instituto de turismo que lo invitó a ir estudiar allá. Y, sin pensarlo mucho, simplemente se fue.

Se trata, dice, de una institución sin fines de lucro que capacita, tanto a mexicanos, como a personas de otros países, que abundan por aquellos lugares. La educación era de alta calidad.

Años después, así repentinamente con se fue, decidió regresar. Solicitó trabajo en la oficina de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. Tuvo la suerte que había una vacante para una persona con su perfil; es decir, con conocimientos de turismo.

Lo que no sabía es que este trabajo era el que le iba a cambiar la vida. Ahí pasó un tiempo. Realizaba trabajos administrativos de normatividad, gestión de proyectos turísticos y realizaba el trámite de los permisos de apertura anuales de los santuarios de la mariposa.

Y tuvo oportunidad de entrar en contacto directo con los bosques, el área natural protegida, los habitantes de los ejidos; aún más, con las mariposas y los turistas que acudían a presenciar su espectáculo.

Le correspondía hacer las recomendaciones y decir a los visitantes cómo interactuar con las monarcas. Sin embargo, decepcionado observaba que los turistas no obedecían. A pesar de lo que les decía, se metían a las zonas en donde estaban las colonias y los “racimos” de mariposas en las ramas de los oyameles.

Además, se llevaban algunas, vivas o muertas, pese a que deben de permanecer en el bosque, por regla general. La escena se repetía a menudo, por lo que en su interior nació el deseo de hacer algo por proteger a las mariposas.

Esa idea no lo dejaba en paz. Aún después de que dejó el trabajo en la Reserva y comenzó a impulsar recorridos y paquetes turísticos de naturaleza, en esta región. Se comenzó a documentar sobre la mariposa. No es especialista, pero sí sabe ahora más que muchos biólogos, sobre el comportamiento del lepidóptero.

Su primer paso fue comprar 60 mil semillas de asclepia. Se trata de la planta que constituye la base de la alimentación y la vida de las monarcas. Sin ella, esta especie de mariposas no puede vivir.

Precisamente es la planta que los agricultores de Estados Unidos y Canadá combaten con sus pesticidas, porque la consideran una plaga. Y eso llevó, en el 2014, a la casi extinción de la monarca.

Con ayuda de su esposa, en un terreno que su padre les prestó, en la colonia Fovissste, al poniente de la ciudad, Moisés sembró las semillas. Esperó, y nada. Volvió a sembrar. Volvió a esperar, y nada. Siguió instrucciones para que las asclepias nacieran. Y nada.

“Nos decían locos”, recuerda Acosta. Dijo que pasaron cuatro meses y no salía ninguna planta. Algo fallaba, y no sabía qué. Su esposa, comenta Moisés, se desesperó. Al final, después de mucho intentar, cuando menos lo esperaba, las plantas de asclepia crecieron solas.

“Estaban muy bonitas”, dice todavía con la emoción reflejada en su rostro cobrizo. Además, para su sorpresa, en las hojas de las asclepias aparecieron larvas de mariposa monarca. Así nació Papalotzin. Continuará

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