Vivimos Entre Historias de Terror

Ricardo Rojas Rodríguez*Zitácuaro.- Dicen que los mexicanos le tememos tanto a la muerte que para olvidar lo terrible que es nos burlamos de ella y la festejamos en estos días. Y quizá por ello, las historias de terror forman parte de nuestra vida cotidiana.

Historias de terror como la desaparición de los normalistas, masacrados impunemente por un grupo de policías, asociados con narcos por órdenes de un presidente municipal.

Historias de terror como el hallazgo de numerosas fosas clandestinas, con docenas de cadáveres que nadie sabe quiénes son, y que como no son los normalistas, a nadie parece interesarles.

Historias de terror como el asesinato de tres ciudadanos norteamericanos que entraron a territorio nacional a visitar a su padre y fueron asesinados, aparentemente por los escoltas de la alcaldesa de Reynosa.

Historias de terror como el secuestro de deportistas de alto rendimiento en el bosque del Ajusco, en plena capital del país, y que luego del pago del rescate fueron liberados, sin que la policía hiciera nada.

Historias de terror como los señalamientos y acusaciones de desvíos de recursos en la presente administración municipal, en medio de total impunidad, sin que ninguna autoridad investigue ni haga nada.

Historias de terror como el escandaloso enriquecimiento ilícito de los funcionarios de la administración del gobernador Leonel Godoy, como el que se acaba de destapar con la detención de Desiderio Camacho Garibo.

Historias de terror como las que viven miles de michoacanos que no pueden cobrar sus sueldos, porque las empresas en las que trabajan no hay recibido los pagos que el gobierno del estado le debe a cientos de empresarios, y que están al borde de la quiebra.

A propósito de la celebración de Días de Muertos, pareciera que en estos tiempos el terror ha venido para quedarse, forma parte de nuestra vida diaria y, lo más grave, parece que ya nos acostumbramos a él y lo vemos como algo normal…

Retomemos algunas de esas historias:

Terror en la Presidencia

Tan profundo ha calado en el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, el rechazo internacional a la matanza y desaparición de estudiantes en Iguala, Guerrero, que decidió intervenir de manera directa.

Algo inédito fue que recibió en su residencia de Los Pinos a los familiares de las víctimas. Se reunió con ellas más de 5 horas. Según versiones, escuchó lo que cada uno tenía que decirle, que no fueron palabras agradables y a cada quien le dio respuesta.

Públicamente se comprometió a encontrar a los estudiantes y castigar a los responsables. Con ello pretende dar la imagen de un gobernante sensible y decidido a resolver el más grave conflicto desde la matanza de Tlatelolco, en 1968.

No es un asunto menor, se trata de su imagen internacional. Antes de Iguala, Peña Nieto había logrado posicionarse a nivel internacional, con sus reformas; especialmente al lograr abrir el petróleo a la inversión privada.

Se llevó el presidente los aplausos de los grandes empresarios, deseosos de explotar el oro negro mexicano que por décadas se les había negado. Inclusive, la prestigiosa revista Time le dedicó su primera plana con el título “Salvando a México”. Todo ello se cayó de un plumazo, con las balas que acribillaron a los estudiantes.

El problema es que los esfuerzos del presidente y el despliegue de tecnología, equipo y miles de elementos policíacos a Guerrero no han dado resultados. Ha pasado un mes y no se han encontrado los estudiantes desaparecidos, ni vivos ni muertos.

Tampoco se ha detenido a los responsables y no se sabe la verdad de lo que sucedió. Inclusive, el que es señalado como el autor intelectual de los crímenes, el ex alcalde José Luis Abarca, se fugó. Se les escapó a las autoridades de Guerrero (y a las federales) a plena vista.

Lo horroroso del caso es que el caso de los normalistas de Ayotzinapa no es algo aislado. Es lo común que la delincuencia organizada coludida con las autoridades, impongan su ley, asesinen y maten, de acuerdo a sus intereses. Las intenciones del presidente son buenas, pero no bastan…

Escándalos Municipales

La historia de terror que los zitacuarenses vivimos a diario es la de los señalamientos constantes de desvíos de recursos municipales. Ya no se trata de casos aislados, sino que son numerosas las sospechas de mal uso del erario.

Y, sin embargo, no pasa nada. La costumbre es que cuando un caso se vuelve escandaloso y trasciende a la opinión pública, el alcalde realice una conferencia de prensa y diga que no es cierto, que los que acusan tienen que presentar pruebas, pero cuando se le muestran las descalifica y se haga el ofendido. Y ahí termina todo.

El reclamo del empresario no es nuevo. Si el tema trascendió fue porque el presidente le entró a la polémica que se generó en las redes sociales. Retó al periódico que publicó la nota y al constructor a que probaran sus acusaciones y afirmó que presentaría “pruebas documentales”.

Pero no lo hizo, quizás porque no puede o no tiene evidencias que respalden su defensa. Ante medios que no cuestionan, que prefieren callar y cobrar, se lavó las manos, sin probar nada.

En las obras está el secreto de los negocios que se han hecho a la sombra del erario. ¿Pruebas? La mayor evidencia es el propio municipio de Zitácuaro, en el que durante los últimos 3 años no se ha realizado ninguna acción que trascienda, que resuelva problemas.

Otra prueba son las promesas de mega-obras que han quedado incumplidas. Esta administración pasará a la historia como la que mayor presupuesto manejo, pero la que menos hizo, la más gris. Y, además de despilfarrar el erario, quedará con una grave deuda por pagar a corto plazo…

¿Enriquecimiento Ilícito?

La historia de horror no es que hayan detenido a un ex funcionario que resultó ladrón, porque eso es lo normal (por decirlo de alguna forma). Sino comprobar las decenas de millones de pesos que se robó.

Tan sólo el costo de las propiedades que se le decomisaron se ha calculado en 100 millones de pesos, aunque la cantidad podría aumentar, al realizarse los avalúos de forma más detenida. Aparte están los carros lujosos y sus inversiones, como aquellos 15.9 millones que aportó para la construcción de un Centro Médico propiedad de un pariente.

Se trata de Desiderio Camacho Garibo, uno de los más cercanos colaboradores del entonces gobernador Leonel Godoy Rangel. El ahora funcionario detenido trabajó en la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

Aunque era un cargo de primer nivel, su sueldo, de alrededor de 60 mil pesos al mes, no alcanzaba para comprar mansiones millonarias, ni vehículos de lujo, ni para enriquecerlo. ¿Qué pasó, entonces? ¿De dónde viene el dinero? Sí, adivinó.

La Universidad Michoacana, los empresarios grandes, pequeños y medianos que fueron proveedores del gobierno del estado, sus empleados y hasta los más sencillos ciudadanos estamos en crisis porque el gobierno del estado no tiene dinero para cumplir sus compromisos.

Pero Desiderio Camacho Garibo y decenas de exfuncionario estatales viven a todo lujo, con el dinero que a todos nos hace falta. El gobierno de izquierda de Leonel Godoy lo que hizo fue empobrecernos a todos los michoacanos para enriquecer a unos cuantos.

El problema, lo horrible es que el caso de Desiderio Camacho no es el único, no es un caso aislado. Por el contrario, podría ser uno de los que menos se llevó. Pero, fiel al sistema, será el chivo expiatorio para que los demás queden impunes…

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