Abarca y su Esposa, Chivos Expiatorios

  1. en D. Joaquín R. Benítez Vera*La descomposición de los políticos mexicanos ha sido una constante desde el México independiente [con sus muchas y honrosas excepciones], sin embargo, en los últimos setenta años ha ido acompañada de la corrupción, cinismo y egolatría; la megalomanía que les da el poder, por efímero y pasajero que sea, les ha hecho creer que se trata de una casta privilegiada, la cual está por encima de los demás ciudadanos.

Así quedó evidenciado en el caso de Ayotzinapa, en el que, la locura del poder se apoderó del munícipe de Iguala y ordenó el “levantón” de nuestros hermanos normalistas, por lo que, al saberse la magnitud del crimen de Estado, las autoridades estatales y federales se avocaron a la búsqueda y localización de José Luis Abarca y su esposa, quienes ya fueron aprendidos el día martes 4 de noviembre de este año.

Con la detención del ex edil de Iguala y su esposa, no se termina de fondo el problema político social que se vive en el país; si fuese un hecho aislado, estaría de acuerdo, pero al ser la constante diaria en todo el territorio nacional, debe haber y se necesita una modificación en el sistema político, empezando por el pacto no escrito de impunidad que han firmado todo los partidos políticos.

Pronto veremos al gobierno federal tratando de encapsular el caso Ayotzinapa en la mala decisión de Abarca y esposa, serán ellos los chicos malos coludidos con la delincuencia organizada y quienes ordenaron la desaparición de los normalistas; a toda costa se hará creer a la sociedad mexicana y comunidad internacional, que con las detenciones se acabó con los culpables de este problema.

Por ello las protestas y exigencia social tiene que seguir en pie de lucha, no solo por la aparición de los 43 normalistas con vida, sino también para que la partidocracia cambie de rumbo y comiencen a caer las cabezas de todos los políticos que tiene una relación, directa e indirecta, con la delincuencia organizada, así como los que han saqueado los dineros de las finanzas públicas.

¿Cuántos Abarcas habrá en el país?, algunos han sido exhibidos en videos y otros cometiendo errores que los han descubierto, pero habrá muchos más que se mantengan en el anonimato, pero con grandes redes tejidas con el cáncer de este país: el crimen organizado. Es por ello que ante cualquier sospecha, las autoridades competentes deben realizar verdaderas investigaciones sobre todos aquellos políticos de los que exusta la presunción de actos de corrupción y delincuenciales.

¿Qué pasara después de Ayotzinapa? El gobierno pretenderá que se diluya y olvide, que los manifestantes se harten y cansen; vuelvan a su apatía y vida diaria, para que el sistema político quede incólume, siga como hasta ahora y puedan seguir succionado las riquezas del país; pero como ciudadanía, la actitud tiene que ser diferente, Ayotzinapa debe ser un  parteaguas para exigir el cambio que necesita el país, la herida abierta que nos permita recordar la putrefacción de la política y sociedad.

Mientras que en la Cámara de Diputados y Senadores, los priistas y del verde ecologista se rasgan las vestiduras echando culpas de manera exclusiva al PRD, pero olvidan los horribles actos cometidos en los mandatos del PRI, se les olvida el 68, Acteal, Aguas Blancas, Atenco y Tlatlaya, al final siguen siendo los sepulcros blanqueados.

Por su parte el PRD quiere minimizar el asunto y repartir culpas al gobierno federal priista, el cual a través de la PGR, sabía de los señalamientos en contra del ex edil de Iguala y no hizo nada, lo que es cierto, empero, y como se ha dicho la culpa es de todos los partidos políticos, ya que en menor o mayor media, han contribuido mediante su colusión, acción o pasividad, con la crisis social y política que se vive en el país.

Es triste ver como la tragedia del pueblo mexicano sirve a la partidocracia para tratar de ganar adeptos, denostar al adversario y capitalizar simpatías a su causa, ahora resulta que cada uno, a su modo, son los grandes próceres de la patria, los amantes del prójimo y los mesías de la nación. Los gobernantes preocupados por una sociedad a las cual no escuchan ni ven.

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