Siguen las Historias de Corrupción y Desvío de Recursos del Ayuntamiento

Ricardo Rojas Rodríguez*Zitácuaro.- Historias de corrupción, de desvíos de recursos por parte de nuestras autoridades, abundan casi en cada rincón de Zitácuaro. Ahora que la calle Doctor Emilio García, en el centro, parece zona de guerra por las obras de repavimentación, recordamos una que tiene que ver con la “desaparición” de 16 millones de pesos.

Vale la pena recordar esta historia, no como un acto de masoquismo, sino por aquello de que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” (aunque en nuestro caso parece que carecemos de memoria, porque eso de “inflar” los precios de las obras y desviar recursos es algo que se repite hasta el infinito).

Era enero de 2010. El alcalde Antonio Ixtláhuac estaba preso desde mayo de 2009, producto del escándalo conocido como “michoacanazo”. El entonces diputado local por Zitácuaro, Juan Carlos Campos Ponce, influyó para que quedara como presidenta sustituta Sonia Rivas Espitia.

Antes de ser detenido, Ixtláhuac tenía el proyecto de reubicar el comercio ambulante en el Campo Deportivo Rafael Baeza (proyecto que luego copió el actual munícipe, Juan Calos Campos, también sin éxito).

Para ello, destinó un millonario presupuesto municipal, que sumado a la aportación del gobierno estatal para el programa de obra convenida, sumaba 16 millones de pesos. Cuando el alcalde fue detenido, el proyecto quedó paralizado, porque a la presidenta sustituta no le interesó continuar con él.

Sin embargo, el dinero tenía que aplicarse en alguna obra, porque si no tendría que ser regresado, tanto a la federación (lo correspondiente al Fondo III), como al estado. Como la alcaldesa no podía permitir que el recurso se le fuera de las manos, encontró la forma de gastarlo.

De la manga se sacó un programa de reasfaltado de calles, tanto en el primer, como en el segundo cuadros de la ciudad. Se trataba de vías que no estaban en tan malas condiciones y que no requerían arreglo. Pero eso no importaba, porque urgía gastarse el dinero.

En ese tiempo, se decía que el que disponía cómo se gastaba el dinero y a quién se le compraba era el esposo de Rivas Espitia, quien despachaba en el restaurante de un hotel del centro de la ciudad.

Así que ahí quizá se programó el gasto de 16 millones en reasfaltar calles que no lo necesitaban, en lugar de aplicarlo en obras en comunidades marginadas. Al momento de presentar el proyecto al cabildo, una fracción de regidores priístas se opusieron, porque denunciaron que los costos estaban excesivamente “inflados”.

No obstante, como suele ocurrir, el acuerdo se sacó por mayoriteo. Y se hizo la voluntad de la alcaldesa. En ese tiempo ya comenzaba a utilizarse aquello de que quien se opusiera tenía que enfrentarse a la furia del crimen organizado que supuestamente decidía qué se hacía y qué no.

En fin, una de las calles a “arreglar” fue Doctor Emilio García, precisamente en el tramo que ahora el entonces diputado y hoy alcalde volverá a aplicar una inversión millonaria.

Y, pues se gastaron los 16 millones en asfalto tirado en las calles. Para mala suerte de Sonia Rivas, ese mes de enero llovió y el asfalto que se colocó en Doctor Emilio García se comenzó a llenar de baches. Es decir, la obra no duró ni dos semanas en buenas condiciones.

Para disimular, se gastó otro recurso en bachear la calle recién reparada. Desde entonces, Doctor Emilio García, de Ocampo a Degollado, está en tan malas condiciones: peor que como se encontraba hasta antes de la inversión de los 16 millones.

Nadie le pidió cuentas a Sonia Rivas, ni se le fincaron responsabilidades por el “desvío” de recursos. Inclusive, dos años después se le hizo candidata a diputada federal (elección que perdió), y actualmente aspira a volver a ser abanderada de su partido, el PRI.

En fin, la gran obra de Rivas, en la que invirtió la mayor cantidad de presupuesto, quedó sólo como una anécdota más, como otra historia de corrupción que ya nadie recuerda…

Pavimentos y Asfaltos

Actualmente, el alcalde Juan Carlos Campos Ponce ha hecho una especialización de los reasfaltados y las pavimentaciones como medio para justificar el gasto del erario, sin ningún fin, ni sentido, ni beneficio social

300 millones de pesos destinados a obras no se han traducido en ninguna obra significativa para el municipio. De hecho, todo parece indicar que al alcalde ha dejado de importarle dejar un legado para los zitacuarenses. Ahora, su preocupación parece centrada en justificar el excesivo gasto que realiza.

Para ello ha formado una excelente mancuerna con su director de Obras Públicas, Joaquín Campos. Juntos deciden qué, cómo, cuándo, con qué costo se realizan las acciones. Igual determinan qué proveedores ejecutan los trabajos, aunque se rumora que en muchas ocasiones se trata de prestanombres. Así la ganancia puede ser mayor.

En Zitácuaro, las obras se traducen en pavimentaciones y reasfaltados. En el caso de éstos últimos, se trata de acciones que la gente no ha pedido ni necesita. Especialmente cuando se trata de trabajos con calidad cuestionable, que dura unos meses y queda peor.

Así, en días pasados, con un apoyo extra, el alcalde decidió repavimentar la calle en la que la ex alcaldesa invirtió millones, que no sirvieron para nada. Acostumbrado a no tomar en cuenta a la gente ni dar cuenta de sus acciones, los “beneficiados” fueron los últimos en enterarse.

Si no fuera porque acudieron a reclamarle a la presidencia, ni siquiera les hubiera informado a los vecinos en qué consiste la “remodelación”. Al ver que era prácticamente un hecho consumado, los “beneficiados” no pusieron ya muchas objeciones.

Quienes más se revelaron fueron los comerciantes ambulantes que se ubican en la calle a “reparar”. La idea del alcalde era que se aguantaran los 20 días que dice que van a durar los trabajos (es decir, que dejaran de comer un tiempo, en lo que termina su obra).

Obvio, acostumbrados a la lucha para conquistar sus espacios, los ambulantes amenazaron con impedir los trabajos. Así que el alcalde tuvo que doblar las manos y ofrecerles espacios en el primer cuadro. Ahora es la calle 5 de Mayo, a la altura de la plaza central, la que parece un tianguis.

Por cierto, de acuerdo al boletín 14 mil 308, de la Dirección de Comunicación Social, el alcalde afirmó que la calidad de la pavimentación que realizará será tal que “tendrá una garantía de más de 40 años”. No se midió. Ojalá y dure al menos 4…

En relación con este tema, la semana pasada Campos Ponce estuvo en Morelia para recibir una donación de Pemex, por un monto superior a los dos millones de pesos. Se trata de 160 toneladas de asfalto, 25 mil litros de gasolina y 25 (sic) de diésel.

Aparentemente es una buena noticia, porque podría traducirse en un camino a una comunidad marginada, de difícil acceso; o el arreglo de uno de las muchas vías rurales en mal estado, como la que lleva a Aputzio de Juárez.

Sin embargo, para que esa donación, efectivamente, se traduzca en un beneficio para los zitacuarenses lo ideal sería que el alcalde explicara públicamente en dónde va a aplicar ese asfalto y que se vigilara que efectivamente sea así.

De otra forma, se podría utilizar para realizar alguna de las obras ya programadas, cuyo presupuesto puede ser desviado (por ejemplo, el arreglo de la calle Moctezuma, que de último momento cambio su meta de cemento por asfalto). En este caso, en lugar de beneficiados, los ciudadanos serían perjudicados por la generosa donación de Pemex.

El espacio se agotó. Quedan temas para la próxima edición, como el tema de Chedraui, en el que el presidente muestra una doble cara con los comerciantes que tratan de que les apoye para que la tienda no se instale en el centro de la ciudad.

Por otra parte, la cancelación de las equinoterapias, luego de que la empresa Toluca que fue contratada por el edil, para quitarle el contrato a los zitacuarenses que ofrecían el servicio, le negaran el servicio por falta de pago. Más detalles, el sábado…

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