Vigilan al Sol Desde Michoacán

Morelia.- En la extensa planicie de la llamada Meseta Purépecha se encuentra la ciénega de Zacapu. Sobre estas tierras de vocación agrícola se construyó el radiotelescopio MEXART (Mexican Array Radiotelescope), como se le identifica mundilalmente. Ocupa un terreno similar al de una cancha profesional de futbol, pero en lugar de jugadores hay  un complejo sistema de antenas que se encargan de monitorear el clima espacial, como se le conoce a la influencia del viento solar en el medio interplanetario y en el ambiente magnético del entorno terrestre.

Las instalaciones del Observatorio de Centelleo Interplanetario de Coeneo, Michoacán, que dan vida a este radiotelescopio, se inauguraron en el 2005; pero empezó a tener resultados científicos relevantes en el 2010, según lo explica el físico espacial Américo González Esparza, investigador responsable de este proyecto.

Cinco años después de esa fecha,  una nueva etapa se cumple: “Finalmente estamos alcanzando la operación completa de todo el arreglo. Esto va a permitir desarrollar el máximo potencial con el que cuenta este instrumento científico”.

Existen diferentes tipos de radiotelescopios. Generalmente se les identifica en su estructura con una antena parabólica dispuesta a captar las ondas de radio de un cuerpo celeste, pero el MEXART fue diseñado de una forma singular, tratando de maximizar las ventajas del privilegiado espacio con el que cuenta.

Su diseño se basa en un arreglo de 4096 antenas en forma de “T” tipo dipolo, organizadas en líneas paralelas y montadas con alambres de cobre sobre un área de casi 10 mil metros cuadrados.

El terreno elegido aumenta la eficacía del instrumento, pues mientras mayor sea el área ocupada, mejor es su sensibilidad. Gradualmente se fue incrementando su operatividad hasta llegar a la máxima capacidad que registra actualmente.

“Las señales extragalácticas que estudiamos, son las fuentes más lejanas que hay en el universo. Este tipo de dispositivos  no se pueden construir cerca de ciudades grandes porque la luz y vida de ese tipo de entorno contaminan el cielo; los radiotelescopios son especialmente sensibles a estas interferencias”.

Alejado de la vida urbana en la que incluso el motor de una licuadora o la bujía descompuesta de un coche podría alterarlo, este instrumento de observación astronómica de gran precisión impulsado por el Instituto de Geofísica de la UNAM, ha sido elaborado con tecnología mexicana.

“No es algo que hayamos comprado o nos hayan instalado, lo hemos ido construyendo, calibrando y desarrollando nosotros.  Hay sistemas en Japón e   India que desarrollan observaciones similares, sin embargo las antenas son diferentes. Este es un diseño único en el mundo”.

Por su complejidad científica, técnica e incluso de apoyo presupuestario, se ha desarrollado en etapas; pero finalmente en este nuevo ciclo será presentado a la comunidad internacional en octubre próximo. Esto se realizará  dentro de un taller científico organizado en el Campus Morelia del Instituto de Geofísica de la UNAM y que tiene como objetivo reunir a expertos de diversos campos en  la observación remota de la heliosfera interior, cuestiones claves en los trabajos de predicción en torno al clima espacial.

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